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Pasos de fe

Pasos de fe como peldaños de piedra que sirven para subir al cielo. O bien, cosas concretas que elevan el Amor, con acción de gracias, por la presencia de la Paz en este mundo. Entonces, interiorizada su llamada con las opciones fundamentales de mi vida, me sale espontaneo hablar de Ella; de su simplicidad de intención, su respeto por los demás y su capacidad de compasión. De modo que poner en práctica sus enseñanzas, prueba, a menudo, el enfrentamiento a cuantos se sienten aludidos. Es decir, aquellos que desvían sus pasos y no aprenden de sus errores. En cambio, la generosidad sana los corazones que no han experimentado el Amor. Esto es afín a las amistades lastimadas por malas prácticas que, con generosidad, son restablecidas. Porque, ¿cuántas expresiones mal dichas hieren a otros? Palabras malintencionadas que llenan de escepticismo a los demás en los pasos de fe. A saber; ¡todo un cuento! Por ello, sólo si reconocemos nuestras equivocaciones y decidimos no engañarnos más, seremos capaces de sentir el dolor y el perdón. Del mismo modo, sólo si estoy dispuesto a cambiar, haré lo necesario para lograrlo. Por tanto, gracias a los guías de Luz, juntos subimos el camino al cielo. O dicho en sentido figurado: trepando con constancia y sobrellevando a los adversarios sin cansarse ni perder el ánimo. En fin, teniendo multitud de pruebas en nuestras manos emergen pasos de fe;

Amor y Luz donde hay sombras y maldad.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 76 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

El Amor y la necesidad

El Amor y la necesidad unen maravillosamente lo eterno y lo humano. Lo mismo que en sentido figurado, una joven con la cabeza baja sólo piensa en el Amor. Es decir, delicada por fuera pero fuerte en lo que cree por dentro, une su sufrimiento al del Amor para ofrecerlo con confianza. Por tanto, de la fortaleza de su corazón y la debilidad de su cuerpo, nace un niño que manifiesta su alegría en oración mental. De tal forma que puesta su mente en agradarle, realiza numerosos ejercicios de austeridad, de humildad y de caridad, y soporta las contrariedades. Asimismo, como mendiga que al vestirse lujosamente no se envanece, más se humilla al recordar su pobreza. O bien, como agua viva de tan precioso jardín, fecunda con su humildad toda la tierra. Esto es; plantadas todas las flores a su alrededor, la violeta de la humanidad, el lirio de la pureza, y la rosa de la caridad, sobresalen. Por ello, con la claridad de sus virtudes, anuncia la aparición del sol de la justicia. A fin de que cuando la necesidad lo mire, la luz en sus ojos imprima. Entonces, hermosa más que la luna, lo acompaña de sufrimientos para que sea amado por todos cuánto se pueda. Porque, de hecho, ni pueden los que la miran pensar en ella, sin sentirse impulsados a amarla más. Pues, en realidad, herida con su propia herida, protege el amor verdadero y lo alcanza. Igual que llena de caridad socorre las necesidades sin que se lo pidan. En suma, conforme a la caridad que tengamos con nuestro prójimo, el Amor y la necesidad;

ofrecen paz y fuerza para seguir.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 63 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

La flor de su vida

La flor de su vida era la más inocente, bella y virtuosa que imaginarse pueda. Hasta el punto que siempre había mostrado respeto y obediencia total, en el tiempo de crianza. Y sin embargo, la corona con la que fue proclamada reina, fue su mismo sufrimiento, mayor que el de todas las flores. Pues, si bien su tallo no fue cortado por acero enemigo, su flor se vio traspasada por el dolor de las espinas. Lo mismo que, como crece la rosa entre aguijones, así, cuanto más crecía, tanto más le atormentaba el acervo dolor del corazón. Y después, ¿qué sucedió? Pues, de oídas dicen, que el tiempo, de ordinario, mitiga el dolor de los que sufren. Aunque, ¿quién puede medir la grandeza del dolor si le despojan de su flor? En tal caso, si el alma es más noble que el cuerpo, tanto más grande fue su dolor que el de todas la flores marchitas. Sin embargo, si no hubo confrontación entre el dolor del cuerpo y el del alma, tomó al pie de la letra, el gran consejo de vivir cada día como si fuera el último de su vida. Dicho esto, por revelación o porque tuvo una especie de presentimiento interior, viendo cuántas tempestades tenía que tolerar su alma, pasó el invierno con lágrimas por amor. Que, si mucho ha sufrido su alma en la tierra, sin comparación mayor es la corona que le tiene preparada el cuerpo en el firmamento. He aquí que entonces la flor le tiende la mano y el tallo se eleva de la tierra al cielo. Por lo que, así también ahora, la flor al lado de la vida;

baja las puertas para tomar posesión de su reino.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 58 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Sabiduría comprensiva

Sabiduría comprensiva, dócil y sincera, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Huye de las riquezas y de mil afanes absurdos, para que los discursos de la gente no te hagan su esclava. Deja crecer solo las buenas inspiraciones, en la madurez y en la libertad de juicio de las personas individuales. Y a pesar que deberíamos resolver juntos los problemas, y ocurre lo contrario;

andaré con rectitud, dentro de mi casa.

Post escrito por Carmen Rafecas.