Culture of Peace to drive social change

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Dar

Dar en su justo valor, no es ni falta de lealtad ni justicia en el sentido moral. Aunque sea, eso sí, absurdo según el mundo. Es sencillamente un modelo apropiado para todas las circunstancias de la vida. Es la medida por la que se reconoce la bondad de unos a otros. Al contrario, un juicio justo, al parecer, sólo cita a la práctica dicha bondad. Pues, en sentido figurado, lo que puede sugerir un hermoso ideal en una cruenta tragedia, para un niño es una realidad que produce un rumor extraño en un mundo insensible. Y con todo, la paciencia servicial no admite límites caritativos. Es más, vuelve cada día a dar sin perjuicios, en un estado habitual de imperfección. Incluso entre faltas y confusiones, a veces malvadas y crueles. Por eso no duda ante preferencias personales que no sirven de nada, ni retrocede ante conflictos inherentes a semejante causa. Por lo que, dar es también ceder y sufrir un dolor inexpresable ante la prueba. Es soportar bajo una tierna mirada las lágrimas de un cielo desconocido en un mundo en llamas. Así, sin excepción y sin reserva, en favor de todos. A sabiendas que, alimentar sentimientos de odio a los enemigos, dispensa incorrectamente la imposición por medio de un egoísmo encubierto. En suma, dar;

es vencer el mal con el bien.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 150 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Autoridades

Autoridades, entre otras cosas, legítimas gracias a todos los que tienen alguna participación en la dirección de la humanidad. Así, tanto en la imagen natural como en la imagen sobrenatural, las autoridades se revisten en la tierra del poder que mana del cielo. Por lo que, si han recibido la instrucción correcta, deben ejercerla en subordinación al orden creado por la providencia. O bien, dicho en otras palabras; esto es muestra de un respeto noble que en la autorización o en la prohibición de la persona de su superior, obedece sólo a la manifestación de la voluntad divina. Pues, se deja conducir de manera activa o inactiva, en lo que tiene que aceptar o eludir. En cambio, si se opone a un deseo celeste o a una esperanza gloriosa, se rebela contra el orden establecido. Es más, sin lealtad, las personas tienen que obedecer a la fuerza a personas, y en ocasiones a personas poco respetables, aun cuando la lucha por la libertad terrenal y los derechos humanos sigue en alza. De hecho, incluso se llevan bien con el pesimismo que les desune y les paraliza. De modo que, ahora, también la religión es una excelente lección de humildad y elevada dignidad, para las personas que quieran seguir adelante y buscar nuevas maneras de superar los obstáculos. En fin, autoridades;

alegres de ocupar, a gran o pequeña escala, un lugar de honor.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 141 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

La intención habitual

La intención habitual continúa actuando sobre la existencia, a no ser que se realice un acto que sea incompatible por una intención explícita o implícita. En tal caso, se enmienda por esta cuestión, plenamente realizada y profundamente consciente, no expresamente, pero si de hecho, el presente. Aún sin que por eso resulte destruida la intención general que, en acta siguiente, se podrá practicar de nuevo, a ser posible, si no se revoca. De esta forma, es significativo el comportamiento de todos los aludidos si, con el tiempo, no se ha podido encontrar contradicción en las argumentaciones. Por el contrario, una manifestación discordante, mantenida en la tregua, hace evidente un engaño. Pues, visto que hay que tener en cuenta la coherencia de aserto, a simple vista, todo el mundo puede llevar una vida ejemplar, y dentro de lo que cabe, oculta. Desde luego, aunque excepción de los momentos en los que hay encuentros con los contrarios. Tal vez entonces uno se imagina ver a los participantes bastante intransigentes, aun cuando la imparcialidad es muy distinta, reservada y prudente, pero siempre eficaz. Por lo tanto, no sólo las maniobras más importantes, sino también las acciones más ordinarias, participan en el blanco de la intención habitual;

esa buena intención que orienta la vida.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 137 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

La vida es bella

La vida es bella, tal como es, con sus imperfecciones y carencias. Porque dónde está presente siempre hay un futuro posible. Es como una luz que nos lleva a tomar decisiones en el curso de la historia. Es decir, no describe los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetiza hechos que se prolongan en el tiempo, en un proceso y con una duración no establecida. Por tanto, la clave de la lectura comprensiva ha de ser de carácter simbólico. Esto es, cuando uno ama y valora más lo que tiene y no tanto lo que no tiene. Así, el valor afectivo o moral es más importante que su valor material. En cambio, si uno ama mucho lo que no tiene y poco lo que sí tiene, estará continuamente descontento. Por esta razón, la superficialidad, la incoherencia y el vacío también se encuentran en el interior humano, condicionando al hecho de que acepte o no lo que el mismo mensaje pide: responsabilidad. Si no, diseminará sus errores por la sociedad. Aun así, la luz de la Esperanza es capaz de sentir maternalmente los sufrimientos e ilusiones de todos individuos, así como todo tipo de guerras que sacuden al mundo contemporáneo. En ese sentido, ayuda a vencer la amenaza del perverso que tan fácilmente se arraiga al extraño de la conciencia del bien y del mal, y que con sus efectos se dan toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional. En conclusión, la vida es bella;

con sus valores y sus límites.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 110 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

Una gran confusión

Una gran confusión se dispone a asaltar la nave haciendo lo posible para detener su marcha y hundirla. Con todo, aunque los asaltantes cantan la victoria, los peores enemigos son siempre los de dentro, los propios errores y desaciertos. Porque, en realidad, se ve muy poco con los ojos. Por ejemplo, en el mar solo vemos la superficie, no la profundidad. Asimismo, si miramos a una persona nos quedamos en su aspecto superficial, sin averiguar sus pensamientos, sus temores, sus esperanzas. Más aún, si una persona vale más que todas las cosas materiales, un pobre que no tiene dinero se puede ofrecer a sí mismo. Eso es lo fundamental. Por tanto, de él dependemos pero somos autónomos, capaces de rechazar el misterio o de amarlo con todas nuestras fuerzas. Entonces, ¿para qué constituir un mediador si la Vida no depende de los bienes? En tal caso, si no se conoce el amor incondicionado en un mundo en el que abunda la injusticia, esa actitud resulta peligrosa. Aunque espontáneamente se actúe como si el ideal absoluto fuera la paz particular. De suerte que, los que permanecen vigilantes, libres de egoísmo y de ambición, responden con diligencia en aquellas ocasiones en las que la fortaleza de algunas personas flaquea. Esto es, en sentido figurado; puestos los ojos y el corazón en la embarcación, con la fuerza del Amor y con plena convicción, las barcas dispersas en orden de batalla chocan entre sí. Por ende, una gran confusión;

exige la separación del bien y del mal.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 84 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

La Reina de la Corona

La Reina de la Corona tuvo su entrenamiento como los deportistas. Ella caminó por la vida durante días, meses y años, antes de ser coronada. Por lo que en las competiciones, la fotografía que queda para la historia es la del campeón atravesando la línea de meta. Aunque muy pocos se acuerdan de las fotografías anteriores, cuando ese propagador dedicó horas, meses y años al entrenamiento. Algo comparable le pasó a la Reina coronada en cuerpo y alma como Reina del Universo. Ella, como todos, nació en esta tierra, y aquí comenzó a dar sus primeros pasos. Dios le regaló desde el principio, un alma limpia de toda transgresión. Pero al ser coronada no fue como una nueva rica que se olvida totalmente de su vida anterior. Al revés, la Reina de la Corona recuerda muy bien que fue Madre Dolorosa. Por eso tiene una ternura singular con todos los que caminan por su nación y se debaten entre peligros y angustias. La Reina no olvida a los que ahora sufren, de la misma manera que recuerda su pasado de dolor y dificultad. Con todo, hay personas que cuando están muy alegres se olvidan de los conciudadanos que en esos momentos experimentan dolor. Por ende, en relación a su naturaleza, y por su transcendencia para el conjunto de la sociedad, se practica el derecho y la justicia, se ampara a los hijos naturales más necesitados y se auxilia a todos los que recapacitan de sus delitos cometidos. En fin, la Reina de la Corona;

la guarda y la custodia.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 81 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

El Amor y la necesidad

El Amor y la necesidad unen maravillosamente lo eterno y lo humano. Lo mismo que en sentido figurado, una joven con la cabeza baja sólo piensa en el Amor. Es decir, delicada por fuera pero fuerte en lo que cree por dentro, une su sufrimiento al del Amor para ofrecerlo con confianza. Por tanto, de la fortaleza de su corazón y la debilidad de su cuerpo, nace un niño que manifiesta su alegría en oración mental. De tal forma que puesta su mente en agradarle, realiza numerosos ejercicios de austeridad, de humildad y de caridad, y soporta las contrariedades. Asimismo, como mendiga que al vestirse lujosamente no se envanece, más se humilla al recordar su pobreza. O bien, como agua viva de tan precioso jardín, fecunda con su humildad toda la tierra. Esto es; plantadas todas las flores a su alrededor, la violeta de la humanidad, el lirio de la pureza, y la rosa de la caridad, sobresalen. Por ello, con la claridad de sus virtudes, anuncia la aparición del sol de la justicia. A fin de que cuando la necesidad lo mire, la luz en sus ojos imprima. Entonces, hermosa más que la luna, lo acompaña de sufrimientos para que sea amado por todos cuánto se pueda. Porque, de hecho, ni pueden los que la miran pensar en ella, sin sentirse impulsados a amarla más. Pues, en realidad, herida con su propia herida, protege el amor verdadero y lo alcanza. Igual que llena de caridad socorre las necesidades sin que se lo pidan. En suma, conforme a la caridad que tengamos con nuestro prójimo, el Amor y la necesidad;

ofrecen paz y fuerza para seguir.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 63 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Lo que deseas ver de mí

Lo que deseas ver de mí, yo vengo a pedirte. Ese amor que crea, que moldea y que calma, a medida que aventaja en la esperanza y en la liberalidad. Así, con tu observación, seré capaz de comprender toda la historia, el sentido verdadero y el corazón de la expresión. Por consiguiente, tal como me ves crecer y actuar, escuchándote y reflexionando sobre tu prudencia, al punto me formas, me amas y me diriges. En tal caso, alcánzame caridad para con todos, incluso para los que me son adversos. Pues en realidad, el perdón como actitud permanente me resulta de vital importancia, igual que nuestro amor compartido pende de mi comportamiento con quienes me ofenden. O dicho de otro modo: dónde ves alguna miseria, allí acudes veloz, para favorecer con gran clemencia, en una vida que nos sobrepasa. Es decir, cuando te contemplo no veo más que bondad y ternura, capaz de proveer a todos sin que a ti te falte. Ciertamente, ¡cuántas sentencias has sabido hacer revocar, en favor de los que a ti han recurrido! Sin duda, en ti, el pobre encuentra su asilo, el enfermo su medicina y el apenado consuelo. De suerte que, llena de deseo de hacer el bien, tienes tú más ansias de darnos favores, que nosotros de recibirlos de ti. O bien, siempre consigues favores muy superiores a los que podamos pedir. En suma, lo que deseas ver de mí, yo vengo a pedirte;

mi amor, mi vida, mi refugio.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 53 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

El libro de la vida

El libro de la vida mantiene su hermosa promesa en favor de sus fieles aprendices. Por tanto, no trata de asuntos de guerra y de venganza contra los causantes, sino sólo de paz y perdón de sus causas. Y con todo, se imagina severo al que es compasivo y terrible al que es amable. Sin embargo, su comprensión es como torre de defensa para todos los recurrentes, o arbitraje de paz entre el odio y el amor. Pues se cuenta que al leer el encausado tan dulces palabras, su corazón endurecido termina apaciguado. No obstante, hecha la lectura, es necesario engrandecer la convicción en tal mediación, y todavía más mantenerla. Entonces, se borran las causas y aparecen, en adelante, las páginas en blanco, a fin de que se anoten sólo actos de amor. Es decir, a pesar de los deméritos, el libro de la vida es prenda segura para obtener la libertad perdida. Mas sólo un temor debe afligir a su estudiante, y es que pueda, por su descuido, perder la confianza en tan maravilloso ejemplar. O en otros términos: que ensalzado por el orgullo, lleno de soberbia, se olvide de los amigos de antes que han quedado pobres. Por el contrario, no sucede con la obra, que feliz de verse al alcance de todos, puede así cooperar con los más necesitados. Por este motivo, cuántos son más pobres, tanto más relevante es su significado. Porque con la misma facilidad que domina al egoísmo, remedia con palabras generosas sus ingratitudes. De tal forma que el libro de la vida;

encaja como anillo al dedo, el perdón y la generosidad.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 52 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía absfreepic.

El paisaje de reconciliación

El paisaje de reconciliación nos revela el secreto para saber caminar sin fatigarnos. Es decir, a su paso, se recobran las fuerzas para llevar el peso de la vida. Así, en medio del cansancio del camino, se nos advierte la cercanía de un manantial de cualidades morales, si se cambia el modo de caminar, paciente y comprensivo, consigo y con los demás. O bien, las capacidades naturales florecen en el silencio de la mente, si se esquivan pensamientos inútiles y se evita el absolutismo en cualquier idea. Entonces, liberada la mente de prejuicios, se deja conducir en el camino recto por el amor sincero. Requerimiento indispensable de atención constante, también para los descontentos que andan buscando argumentos para evadir la corrección, y rechazan a quién la hace. Pues, basta con examinar las acciones y la conducta del uno y del otro, franca u oculta, para discernir tanto el error de la precisión, como el frío y hosco del cálido y afectuoso. Por tanto, contemplar cada día el paisaje de reconciliación, ayuda a no caer en la incitación de la violencia de quién desea reprochar. De hecho, son diversos los sentimientos que surgen al mirar la entrañable imagen figurativa. Y sin embargo, es el amor efectivo y afectivo el que resuelve el enfrentamiento. En consecuencia, se asume la confrontación, se agradece y se comienza de nuevo. En fin, la metáfora del paisaje de reconciliación;

ama la meditación y el recogimiento.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 38 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Ver con el corazón

Ver con el corazón conlleva percibir cuánto dolor existe en el mundo y, al mismo tiempo, cuánta capacidad de servicio confluye en tanta multitud extranjera. Pues sólo los ojos que permanecen muy abiertos, admiran a las personas que se cruzan en el camino, con valores y cualidades, a menudo, desapercibidas. Por el contrario, la ceguera descuidada, demasiado ocupada y satisfecha de sí misma, es incapaz de contemplar la necesidad de luz ajena. Sin embargo, muchos, aunque anden pobres, advierten que su vida no depende por completo de sus bienes. Porque en el fondo, sólo quien tiene ante los ojos el fin de la vida, adopta, con acción de gracias, una actitud fraterna. Con todo, tras la división del trabajo que cada uno tiene en la sociedad, está quien decide de verdad. Es decir, aquel que con deberes superiores, responsable del orden público, de la observancia de la ley y de las personas, pone de manifiesto la responsabilidad que tenemos con todos, sin perjuicio del refugiado. Por ello, cuando los pueblos y las palabras se mezclan, es indispensable una relación sincera sobrellevada mutuamente con amor, que supere la interpretación reduccionista de cumplir la ley por cumplir. Así, procede el encargo de mantener la unidad con el vínculo de la paz, del mismo modo que una sola es la vocación en la que hemos sido convocados. Respuesta y causa profunda, por ahora, en tantos acontecimientos que lamentablemente ocasionan dolor al mundo. Entretanto, una pluralidad de semejantes, unidos en favor de la dignidad de la persona y el bien común, procuran en su crecimiento;

la construcción de un mismo cielo.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 31 escrita por Carmen Rafecas. Imagen con Copyright de UNHCR/F.Al-Khateeb. Todos los derechos reservados. 

La última decisión

La última decisión goza de plena libertad y de libre potestad para aceptar o rechazar el amor. En ésta se ofrece la posibilidad de descubrir la sensatez, si se elige amar con todo el corazón, con toda el alma, y con toda la mente. Sin embargo, lo accesorio no debe prevalecer para que no se produzca el alejamiento y el mismo amor quede viciado por la falta de alimento que le sustenta. Pues, al igual que no es verdadera la persona sin hábito de pensar, por tener tantos pájaros en la cabeza se olvida también de sus compromisos. En todo caso, la última decisión es absolutamente necesaria, ya que sin ella, se rechaza la ilusión de entregarse a quién todo lo merece. En verdad, en todo y para todo, el amor puede vivir en la pobreza y la riqueza, en la escasez y en la abundancia, conforme a su fortuna. O bien; el amor requiere estar siempre vigilante para esparcirse libre del egoísmo y de la ambición. Es decir, en un mundo en el que abundan las injusticias, el dolor y la violencia, el amor particular no puede coexistir si somos responsables los unos de los otros. Y, sin embargo, es en el corazón dónde florece el deseo de amar, de crecer y de construir en el servicio mutuo, invalidando cualquier pretensión de situarse por encima de los demás. Una magnífica práctica para quienes eligen colaborar en el progreso de una sociedad, a menudo, confrontada, que sujeta a la decisión concluyente;

busca la justicia y desea la paz.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 29 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.