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Amiga de la soledad

Amiga de la soledad, andaba sin fijar los ojos en nadie para andar más segura. Y sin embargo, estaba junto a él desde el principio, como el caminar de una vida coherente. Esto es, porque la luz del amor infinito que la acompañaba en sus retos y sentimientos, la expresaba con letras. Lo mismo que acrisolada por las pruebas de la vida, sentía una experiencia cada vez más profunda, de lo que significa el acercamiento progresivo del amor. En virtud de ello, abierta la verdad, la vida tiene un antes y un después lleno de sentido. Siendo así, ¡qué bien demostró cuán grande era su confianza! Pues habiéndose rebelado los sentidos contra la razón, agradable fue al amor, llevar en la tierra vida de ángel. Por tanto, si su fiel amiga no quería otro bien más que el afecto constante, la pobreza era su consuelo en la tierra. Por esta razón, resolvió en su corazón no poseer nada en el mundo, para no caminar tras cosas perdidas. De modo que diligente en obedecer la resolución, aprendió a amar la pobreza por no contradecirle ni en obras ni en pensamientos. Así, recogida en la soledad, el amor le hablaba y conversaba familiarmente. O bien, dicho en sentido figurado: como una rueda de molino que gira ante cualquier inspiración divina, su alma recibe con prontitud la forma que el amor desea. De modo que en la puesta de sol, siempre está contemplando su voluntad. Por ello, amiga de la soledad;

oye la palabra y la cumple.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 62 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

El amor continuado

El amor continuado es todo fuego y llamas. Inflamado en el divino sol, pasa la vida en contemplación, reiterando constantemente los innumerables actos de amor. Así, sin que nada mundano estorbe su afecto, ama por singular privilegio. O bien, figurado como cielo ardiente en el que nunca se extingue el fuego ni de noche ni de día, no se apaga por la noche su lámpara. De tal forma que las actividades de la vida no le impiden el amor, ni el amor le obstaculiza las actividades. Lo mismo que en estado de inocencia, tan feliz es el que duerme como el que está despierto. Esto es porque mientras el cuerpo toma el necesario descanso, su alma, libremente tiende hacia el amor en perfecta contemplativa. De este modo, bien se puede decir: “yo dormía, pero mi corazón velaba”. Es decir, tan feliz soy durmiendo como velando. Por tanto, o el que ama es semejante o trata de parecerse a la persona amada. Si bien, según el célebre dicho: “el amor, o los encuentra o los hace iguales”, vivir el amor continuado es el mejor obsequio que se le puede ofrecer al ser amado. En tal caso, cuánto más puro es un corazón y más vacío de sí mismo, tanto más lleno está de amor. Por lo que todo fuego que arde por dentro, y con llamas de caridad refleja a todos, está perfectamente preparado para amar. Al fin y al cabo, con su ardiente desprendimiento se hace tan bella la caridad, que a los ojos del amor, la llamarada;

vuelve al corazón herido y lo acoge.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 61 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

La sal de la vida

La sal de la vida buena es para dar sabor a la comida, y vivir en paz unos con otros. Es decir, sazona tanto la convivencia como el pan de la hospitalidad, sin que se note su sabor. O bien; cuando se reparte de acuerdo con las delicadas exigencias de la vida comunitaria, tal es el beneficio de la unidad y la paz. Sin embargo, sean muchos los beneficiados, pero confidentes sólo uno entre mil. Pues hay amigos de ocasión, que no resisten en la adversidad. Mas no actúa así un amigo fiel, que dosifica la sal como medicina, porque ve en el otro un reflejo de sí mismo. Entonces surge el amor fraterno entre los iguales, y se desea el bien más sincero. No obstante, condición indispensable es para todos, saborear como un niño que recibe sin cálculos, lo que se le ofrece. De este modo, con humildad, receptividad y gratitud, se pone por entero el corazón, en todo aquello que se recibe. O en otras palabras; las especias no van por cualquier ruta, ni avientan su grano con cualquier viento, y cuantos itinerarios emprenden tienen buen fin. Por el contrario, si la cantidad de especias que se prueba no es la apropiada, aportan un sabor desagradable. Esto es como gustar lo que no gusta y sin embargo, ahondar en lo inmoderado. Así se va acostumbrando el paladar, a las diversas propiedades de los alimentos. De tal forma que si la sal de la vida, medida y derramada en la tierra, se encuentra con la sabiduría prudente;

se distribuye para que se vea, la misma desde hace varios siglos.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 49 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Con certeza de amor

Con certeza de amor sabía ver personalmente, y detener los ojos ante una vista. De este modo, por la senda del silencio, andaba buscando la razón de su enamoramiento. Centrada totalmente en lo esencial, observaba la reiteración de su deseo: averiguar quién era él. Por tanto, de la respuesta a esta cuestión dependía, contemplar la luna y seguir la luz, o bien adivinar su mirada y esperar en la sombra. Es decir, es distinto ir detrás de algo que buscar a alguien, ya que de la respuesta depende reconocer el amor, en el momento en que pasa por la vida. Porque si contemplar es amar y amar es convivir, el que busca se le reconoce por la rectitud y fidelidad de su respuesta, perdiendo protagonismo en favor del amor. Entonces, aun sin saber en dos circunstancias quién era él, atenta a los detalles, generalmente muy discretos, pudo percibir su paso a través de mediaciones. Por esta razón, fiel a su propio conocimiento, se comportaba sin doblez, mirando y sabiéndose mirada. Esto es, sin que suponga una visión física; la luz resplandece, la atención pone de manifiesto el afecto, y el amor escucha. Condición indispensable para contemplarse en el cielo, verse en la tierra y conocerse en la luz. Con razón se olvidaban de servir al cuerpo, aun en las cosas necesarias. En fin, poco a poco, con certeza de amor, paciencia y buen ánimo;

se guarda el mensaje en el corazón.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 42 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Las cadenas de amor

Las cadenas de amor, aunque de hierro y sin brillo, son cadenas mil veces más preciosas que todos los collares de oro. Es decir, piden el conocimiento de sí mismas y el arrepentimiento de sus faltas, con sencillez. Porque en ellas se desatan y preservan de las prisiones más perversas, no por fuerza como los prisioneros, sino por liberalidad. Dado que si el individuo, habituado a guiarse más bien por los sentidos que por la confianza, se olvida fácilmente de sus obligaciones, un objeto exterior se las recuerda. Por ser de hierro, no se corrompen fácilmente, pues aunque la muerte destruye el cuerpo, no destruirá los lazos de amor que permanecen fieles a ellas. Por ende, sólo el amor puede hacer conocer la verdad escondida bajo las cosas materiales. He aquí la razón por la cual se muestran estas cadenas sin rubor de servicio y dependencia inefable. En cualquier caso, es un encuentro que necesita actitud de espera y disposición, o bien; romper con toda inercia justificativa y salir de sí hacia los otros, para dirigir los pasos por un camino de paz, donde llora el ser humano. En virtud de ello, la realidad supera a la promesa y la llamada se escucha por vía de acción de gracias. De hecho, de esta certeza surge la respuesta de servir con amor y justicia. Si bien, rendidos los pensamientos en el silencio de la mente, las cadenas de amor;

todo lo atraen hacia sí.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 40 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

El movimiento de acercarse

El movimiento de acercarse implica la disposición previa de atención, sensibilidad y escucha. De hecho, dos mil años han pasado y un niño no se desilusiona de la Navidad. En sus manos hay un gesto de entrega, como si lo saboreara en el silencio con olor a golosinas. Ese amor que se alimenta en el pan compartido, huele a infancia y se hace ternura. Esa señal que brilla en la oscuridad y acaricia con delicadeza a los desorientados que, aún sin saber qué ver, la buscan. Pues ahí, a lo alto del monte, figura una niña que ve un amor mayor, envuelto de justicia y de verdad. Un amor que, conmovido por la sencillez que no maquilla el alma, guarda los corazones sin prejuicios, en un lugar seguro. Por tanto, un corazón guardado bajo su poder, no caerá en una ilusión formal. Si bien podrá tomar la mentira por la verdad, tarde o temprano conocerá su falta, y cuando la conozca, no insistirá en sostener lo que había creído verdadero. O bien, dicho en otros términos, la noche no le impedirá emplear otras capacidades contrarias a los sentidos de la vista y del oído, si abre el corazón a la voz interior. De ello depende la sensatez y la prudencia que, sin violencia, acude a la mente y produce consuelo. Un camino azucarado en el que no se encuentra ninguna limitación. Así, lo mismo que para el que ama nada es obstáculo, el movimiento de acercarse;

cura las heridas del camino.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 37 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

Un camino de confianza

Un camino de confianza abre el corazón a un mundo, aparentemente, autosuficiente, pero perpetuamente necesitado de solidaridad con los excluidos. Pues, tras un hambre atroz de amor, sólo el alimento que es capaz de acariciar el alma puede complacer. Ante tal petición de auxilio, la propia fragilidad universal tantea su codicia en ser feliz, incluso adversa a la razón y el bien. Pues, sin debatir discursos aprendidos ni cavilaciones enrevesadas, adopta un criterio íntegro para dedicar su tiempo a los demás. Aventurada, entonces, a vivir más abierta a lo nuevo y al futuro, inicia un camino de confianza en la continua oleada comunicativa de la red. Es decir, más allá de sí misma, enfoca la mirada con sensatez, para poder acertar en el buen propósito. Sin olvidar que, si los medios son lo que son las personas que los manejan, hay que tener viva la intención para que no se oscurezca el camino. O bien; sin ocultarse y con actitud de diálogo, acepta y respeta las convicciones diferentes de las propias. Entonces, sin deber nada, más que el amor verdadero, descubre que es mucho más lo que le une a los necesitados que lo que le separa. Es decir, en cada página encuentra, sin prejuicios, una nueva historia en la plenitud de la ley. Causa de unidad, a construir;

de corazón en corazón.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 25 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía unsplash. 

El amor puro

El amor puro sólo puede darse y desarrollarse en el amor. En la apertura interior del individuo se encuentra hábil de recibir y expresar, de sentir y experimentar, pensamientos, sentimientos y vivencias. Es un amor que, sin estar condicionado a lo que el otro haga, disfruta de una profunda paz en la intimidad y recogimiento. Sin ser un mérito propio, no le hacen falta muchas cosas para sentirse feliz; porque ya lo es. Pues, el que lo conoce queda cautivado por su magnetismo y espera conocerlo en su plenitud. Similar al que se enamora, el amor experimenta la alegría intrínseca del ser y se refleja en la mirada. Cuanto más se vive, más se valora y más se alimenta el deseo de seguir viviéndolo. Amor inmensamente afortunado de transmitir una vivencia que trasciende lo material. Sin embargo, no debe obligarse su regalo ya que, todo lo que se impone por obligación resulta ser una experiencia desleal. Pues, si al sembrar con justicia se recoge con amor, el que estima a la multitud, la naturaleza, lo lindo y lo verdadero;

difunde el bien en el ambiente.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 16 escrita por Carmen Rafecas. Imagen de Joel Lacire. Todos los derechos reservados. 

La experiencia de apertura

La experiencia de apertura le enseñó lo que antes le estaba velado. Como un velo que oculta discretamente las miradas, ella no podía descubrir la verdad si antes no le era revelada. Es decir, aunque sus ojos no le podían ver, se fue haciendo cada vez más consciente de su presencia. Lo sentía de múltiples formas, a pesar de que Él no le pudo prometer guardarla de las tormentas de la vida. Destellos de Luz, o bien, pequeños signos de Verdad que le enseñaron el camino, abriéndole los ojos a un mundo invisible que le iluminaba la sonrisa. Y, a pesar de que no tenía plata ni oro, permanecía en silencio dejando pasar la indiferencia y la dureza de corazón de los que se creían mejores. Un silencio lleno de sentido y de disposición a los demás para abrir su corazón. Pues al comprender que todo lo sucedido era necesario, paradójicamente por este motivo, el llanto despareció y el Amor superó todos los pesares. En Él encontró Paz, y antes de que el velo se resbalara y al caer besara el suelo, “lo que vio lo escribió”;

Donde quiera que estés, quiero estar contigo.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 2 escrita por Carmen Rafecas. Imagen libre de derechos publicada vía unsplash. 

Alianza de Paz

Alianza de Paz que no vacilas, no violentas, ni amenazas. Tú que tienes firme asiento en la justicia y la opresión no se te acerca, cógeme de la mano para que pueda iluminar zonas oscuras que aún quedan en el camino. Déjame ser antorcha de tu luz para que mis ojos ciegos vean. No permitas que la afrenta que destroza mi corazón, en la soledad y en la traición, me desaliente. Concédeme respiro cuando recuerde tus palabras, unánime al amor y al servicio de los demás. Convierte mi propósito en plenitud de vida para mantener en equilibrio la unidad de las partes individuales. Entendimiento tácito para el consenso de las buenas relaciones, en un mundo fatigado por los desequilibrios interiores de los individuos. Una sociedad en la que la ausencia de la tensión no es suficiente para poner fin a la guerra. Que, sin oponerme a esta, y para sellar el texto, se me haga indispensable el ejercicio permanente de tres virtudes al unísono. Pues, si “lo escrito, escrito está”, con tu luz veré;

verdad, justicia y caridad.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 1 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía absfreepic. 

Cada vez que confías en mí

Cada vez que confías en mí, tu corazón escucha mi voz. No siempre sientes mi presencia y a veces te invade la duda. Todavía albergas expectativas y tienes intereses a los que dedicarte. Quizás no puedas hacer algunas cosas, pero tienes tiempo para hacer de mejores. ¡Apresúrate! Guarda tus bienes en una vasija de barro, para que las obras buenas no se sobrevaloren a los ojos del mundo. Y, cuando no sepas dónde estoy o, si en efecto, me encuentro presente, abre la ventana y deja entrar la luz;

estoy tan cerca como siempre.

Post escrito por Carmen Rafecas.

Justicia y verdad

Justicia y verdad merecen confianza.

– Si de veras me quieres no me hagas más preguntas, confía en mí.

– No comprendo lo que dices.

– Si consideras justo que me vaya, dímelo.

Sin embargo, ambas deben cumplirse con rectitud.

– Si no respetas la ley querrá decir que no eres un hombre justo.

– Miente, ¿no es cierto?

– No. Dice la verdad.

Entonces, la vida se construye en la verdad.

Post escrito por Carmen Rafecas.