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La música de fondo

La música de fondo nos ayuda a profundizar en el Misterio de la vida. Es un canto a la Vida que se entona en el Amor, y que se establece dentro de la ley. Lo descubrimos a través de una madre que acaricia a su hijo con su vista, y lo contempla como un Misterio. Del mismo modo, María, dio todo lo que tenía a su Hijo. Por consiguiente, para acentuar aún más su propia experiencia, guardaba todo en su corazón y lo meditaba, día a día. Por esta razón, lo importante es la meditación. O bien, dicho en otras palabras; el acto humanitario es un hecho que nos compromete hasta el fondo de nuestra vida, porque nos pide darlo todo. Por ello, las personas que aman no aceptan condiciones para hacer el bien. Aunque esto no lo entienden los egoístas, que lo quieren todo para sí. En tal caso, el mayor desafío es la fraternidad en el servicio mutuo, invalidando cualquier pretensión de situarse por encima de los demás. Es algo tan asombroso como entregar, al Hijo, un ramo de rosas frescas, por manos de su Madre. De manera que la vida de ambos permanece totalmente unida, y es absurdo separarla. Esto es, simbólicamente, según la percepción cromática; amarillo del oro y del sol, cerca del rojo vivo que está en el corazón. Es decir, en lo más profundo se encuentra la sensibilidad para acertar con lo extraordinario. Al fin y al cabo, en armonía con toda la historia, la música de fondo;

enseña a experimentar la profundidad del Amor.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 85 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Sensibilidades

Sensibilidades que invitan a cuántos las escuchan, a fijar en ellas la mirada de su corazón. Por ello, quien quiera comprenderlas mejor, ha de saber descubrir su sentido en el Amor. Así, al terminar la travesía, desembocarán en una nueva vida. Es decir, dejando atrás muchas de las seguridades de este mundo, el camino nos indica la verdadera dirección de la vida diaria. En tal caso, la concha del peregrino simboliza las obras buenas en las que se debe perseverar hasta alcanzar el destino. De manera que, para seguir el camino recto, el paso que se da es sencillo y humilde. Sin embargo, pese a que las metáforas están llenas de fuertes exigencias, se trata de discernir, de decidir y de ser generosos en el viaje. Esto hace alusión a los peligros que amenazan al caminante y que hay que afrontar. Es decir, si el enemigo consigue ahogar la señal en nuestra alma, deja al Amor como algo ilusorio y superfluo. Entonces, debemos preguntarnos: si nosotros tenemos que elegir, ¿conocemos la fuerza del amor realmente para oponernos al embaucamiento? Pues, si bien es cierto que el sentido puede más que el absurdo, la última y decisiva palabra la tiene la Vida. Por el contrario, fuera de Ella no hay Amor que cuide de todo, a causa de que su fuerza es el comienzo de la justicia. En este sentido, el justo debe ser humano e indulgente con todos. Al fin y al cabo, son sensibilidades que anuncian lo secreto;

el ser con alegría y decisión.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 71 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Pasión y compasión

Pasión y compasión, es algo que se pone en el centro de la obra para afirmar que éste tiene dos sujetos. Esto es, la figura anticipada y la imagen permanente del desenlace de la historia. O bien, una verdadera representación magnífica que comparte el sufrimiento y el amor. De hecho, la presencia de la reina en el contexto, subyace en el trasfondo de la escena, tras la apariencia externa y visible de la obra revelada. Es un título expresado en voz pasiva, aunque acoge con un “sí” personal los proyectos de la pasión, sin reservas y sin sombras. No obstante, como el título de reina no sustituye al de madre, su realeza sigue siendo una consecuencia lógica de su peculiar misión materna. Es decir, en la forma imaginativa característica de la fantasía popular, se podría decir que; desde la perspectiva del nacimiento de su hijo, antes de ver la luz, nos trae la luz de la narración. Esta mención es el desenlace de Aquel que dejándose herir por la corona de espinas, toma la oveja sobre sus hombros y la lleva a casa. De este modo, vemos que la imagen del dolor es una verdadera imagen limpia, en una sociedad que sacrifica al hombre por otros fines e intereses. Por ello, sobre todo, con el alma y con los ojos de la madre, se manifiestan amorosamente los misterios de nuestra libertad. En suma, nadie como ella, en su riqueza vivencial, expresa plena y explícitamente pasión y compasión;

resplandor del mundo, desde siempre y para siempre.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 70 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Amiga de la soledad

Amiga de la soledad, andaba sin fijar los ojos en nadie para andar más segura. Y sin embargo, estaba junto a él desde el principio, como el caminar de una vida coherente. Esto es, porque la luz del amor infinito que la acompañaba en sus retos y sentimientos, la expresaba con letras. Lo mismo que acrisolada por las pruebas de la vida, sentía una experiencia cada vez más profunda, de lo que significa el acercamiento progresivo del amor. En virtud de ello, abierta la verdad, la vida tiene un antes y un después lleno de sentido. Siendo así, ¡qué bien demostró cuán grande era su confianza! Pues habiéndose rebelado los sentidos contra la razón, agradable fue al amor, llevar en la tierra vida de ángel. Por tanto, si su fiel amiga no quería otro bien más que el afecto constante, la pobreza era su consuelo en la tierra. Por esta razón, resolvió en su corazón no poseer nada en el mundo, para no caminar tras cosas perdidas. De modo que diligente en obedecer la resolución, aprendió a amar la pobreza por no contradecirle ni en obras ni en pensamientos. Así, recogida en la soledad, el amor le hablaba y conversaba familiarmente. O bien, dicho en sentido figurado: como una rueda de molino que gira ante cualquier inspiración divina, su alma recibe con prontitud la forma que el amor desea. De modo que en la puesta de sol, siempre está contemplando su voluntad. Por ello, amiga de la soledad;

oye la palabra y la cumple.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 62 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

En camino al desierto

En camino al desierto andaba errante, sin apegarse a los bienes que la tierra ofrecía. Era tan grande la distancia hasta Egipto, que el camino, escabroso y desconocido, tuvo que durar muchos días. Por lo que, cada uno considere cuánto sufrió tan tierna doncellita, no acostumbrada a semejante viaje. De manera que su corazón amante, fue como un espejo en donde se reflejaban los dolores de su fruto. Pues ¿acaso tenía consuelo con el amor en brazos y a la vista de sus sufrimientos? Ciertamente que no; porque el mismo efecto que padecía, era la causa de su dolor. Lo mismo que cuanto más se ama una cosa, más se siente perderla. Por tanto, para comprender cuánto fue su dolor, sería necesario comprender cuánto era el amor que le tenía. Pero ¿quién puede medir semejante amor? Si bien, inmenso es el amor, inmenso también tiene que ser el dolor de perderlo. Al fin y al cabo, quien nace ciego poco siente no ver la luz; pero quien pierde la vista durante algún tiempo, siente más la ceguedad. En consecuencia, tan grande era su apego que no tenía suelo permanente. O bien, en términos prácticos; injusto es verla herida en el corazón, y, en cambio, encontrarse uno ileso. En virtud de ello, el que desea sentir alivio en los sufrimientos de la vida, la contempla con frecuencia en camino al desierto. Así, abriendo el corazón a la confianza;

nace la verdadera lágrima, con absoluta gratitud.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 59 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

 

El árbol de la vida

El árbol de la vida posee el amor incansable de un canal que a todos abastece, y todo lo favorece. Por consiguiente, así como el infante saca todo el alimento de su madre, que se lo da proporcionado según su debilidad, vivir la infancia espiritual significa estar fuertemente unidos al árbol de la vida. Esto es ser bastante flexible y manejable, para que arraigue la humildad y la caridad en el alma. O bien, como fuente secreta que de ella nace el agua viva, las almas escogidas beben en su largo vaso de circulación. Por tanto, a diferencia del amor que acaricia a la persona, aparte de la distancia; las almas sencillas y exactas, se encuentran en un estado de amor místico. Esto significa, el ser que se ama está en el amado y recíprocamente. Así, en virtud de esta unidad amorosa, pueden medir el abismo de las adversidades sin exasperar. En realidad, el movimiento circular es una alegoría a la educación materna, pues, aun siendo adultos, tenemos la debilidad y las necesidades de los infantes. Es decir, la visión de la vida influye hasta lo más íntimo de nuestro ser. Porque tanto más rápido se vence al enemigo exterior, cuanto menos debilitado estuviese el individuo interior. Igual que sin conocimiento propio, no hay enemigo peor que uno mismo. Pues si el amor es todavía muy desordenado, todos los actos se mancillan, por el amor propio y la propia voluntad. En fin, a ejemplo del valeroso esfuerzo de un súbdito humilde y de su obediencia, el árbol de la vida;

negocia todos sus frutos.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 44 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Con certeza de amor

Con certeza de amor sabía ver personalmente, y detener los ojos ante una vista. De este modo, por la senda del silencio, andaba buscando la razón de su enamoramiento. Centrada totalmente en lo esencial, observaba la reiteración de su deseo: averiguar quién era él. Por tanto, de la respuesta a esta cuestión dependía, contemplar la luna y seguir la luz, o bien adivinar su mirada y esperar en la sombra. Es decir, es distinto ir detrás de algo que buscar a alguien, ya que de la respuesta depende reconocer el amor, en el momento en que pasa por la vida. Porque si contemplar es amar y amar es convivir, el que busca se le reconoce por la rectitud y fidelidad de su respuesta, perdiendo protagonismo en favor del amor. Entonces, aun sin saber en dos circunstancias quién era él, atenta a los detalles, generalmente muy discretos, pudo percibir su paso a través de mediaciones. Por esta razón, fiel a su propio conocimiento, se comportaba sin doblez, mirando y sabiéndose mirada. Esto es, sin que suponga una visión física; la luz resplandece, la atención pone de manifiesto el afecto, y el amor escucha. Condición indispensable para contemplarse en el cielo, verse en la tierra y conocerse en la luz. Con razón se olvidaban de servir al cuerpo, aun en las cosas necesarias. En fin, poco a poco, con certeza de amor, paciencia y buen ánimo;

se guarda el mensaje en el corazón.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 42 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

El paisaje de reconciliación

El paisaje de reconciliación nos revela el secreto para saber caminar sin fatigarnos. Es decir, a su paso, se recobran las fuerzas para llevar el peso de la vida. Así, en medio del cansancio del camino, se nos advierte la cercanía de un manantial de cualidades morales, si se cambia el modo de caminar, paciente y comprensivo, consigo y con los demás. O bien, las capacidades naturales florecen en el silencio de la mente, si se esquivan pensamientos inútiles y se evita el absolutismo en cualquier idea. Entonces, liberada la mente de prejuicios, se deja conducir en el camino recto por el amor sincero. Requerimiento indispensable de atención constante, también para los descontentos que andan buscando argumentos para evadir la corrección, y rechazan a quién la hace. Pues, basta con examinar las acciones y la conducta del uno y del otro, franca u oculta, para discernir tanto el error de la precisión, como el frío y hosco del cálido y afectuoso. Por tanto, contemplar cada día el paisaje de reconciliación, ayuda a no caer en la incitación de la violencia de quién desea reprochar. De hecho, son diversos los sentimientos que surgen al mirar la entrañable imagen figurativa. Y sin embargo, es el amor efectivo y afectivo el que resuelve el enfrentamiento. En consecuencia, se asume la confrontación, se agradece y se comienza de nuevo. En fin, la metáfora del paisaje de reconciliación;

ama la meditación y el recogimiento.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 38 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

La llama del amor

La llama del amor perdona con caricias y, al mismo tiempo, exige no volver a faltar. Pues, en verdad, ¿quién se puede permitir juzgar a nadie sin escucharlo primero y descubrir qué ha hecho? A continuación, ante tal justicia establecida, los escritos y palabras revelan las intenciones del corazón. Es decir; lo mismo que un delito puede resultar condena, así también un acto de justicia resulta justificación. Moralismo que enseña a comprender y amar antes de juzgar. Con todo, si la conciencia no se agita, no por eso queda absuelta. O bien; sin modestia ni medida, resulta difícil ser consciente de las propias incongruencias y resolver mejorar. Pues, en el fondo, no se trata de confundir la razón con la justicia sino de contraponer el odio con amor, el egoísmo con generosidad. Consecuentemente, es obligado mantener el corazón tan libre que resulte espontáneo amar sin reservas. Es entonces cuando, a fin de no determinar antes de tiempo, la llama emite una luz prodigiosa que pone al descubierto lo que esconde la oscuridad. De esta forma consigue dar la importancia que merece cada cosa, fija la mirada en lo primordial, y reconduce lo perecedero a su intranscendencia. En cualquier caso, ardiente y brillante, mantiene el amor como causa de actuación, y, en definitiva;

transforma la convivencia.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 34 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Una nueva vida

Una nueva vida es un canto nuevo a la ley del amor, la alegría del ser y el desorden de la maldad. Es corta en palabras, pero grande en misterios. Es más dulce que la miel y más preciada que el dinero. Pues, igual que el saludo celeste espera ser correspondido, una nueva vida aguarda para colmar con flores un torrente de desconsuelos. Flores asombrosas, cuyo olor y hermosura sólo conocen quienes se acercan a ellas, las perciben y las sienten por medio de una atenta meditación. Se llaman con razón, flores olorosas de instrucciones profundas sobre las cuales, las diligentes abejas, se detienen para recoger el fruto y producir el delicioso néctar. O bien, si la vida recibe, continuamente, lo mismo del corazón que la medita que de la boca que la cuenta, no será menos agradecida y cortés que las personas de más alta condición. En efecto, una flor sin meditar sería como un cuerpo sin alma o una magnífica sustancia sin forma particular. Del mismo modo, así como un pintor pone el original ante sus ojos para hacer un sencillo retrato, mirar una flor conlleva observar la vida por su esencia, conforme a la virtud. Elemento fundamental que moldea la capacidad de vivir en los sentidos. Experiencia personal, cada vez más delicada y consciente, que en el grado de placer preciso a los méritos;

pasa por alto la ofensa.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 26 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

La lógica del amor

La lógica del amor es totalmente distinta a la nuestra, según los criterios de la sociedad. Para integrarla en uno mismo no hay que ser muy adinerado ni prestigioso. Ahora bien, sin esfuerzo por nuestra parte, ¿cómo pretender auxilio?; exigirlo sería aproximadamente un ejemplo de fraude. Pues, solo el navegante que forcejea con sus propios brazos, puede alcanzar la orilla después de mucho recorrido y esfuerzo acumulado. Entonces, dormido y maravillado en la noche, lleva por antorcha el discernimiento para oír y mantener el canto intuitivo de la sirena. Imagen a semejanza de dos corazones unidos por un mismo deseo, contemplándose en el brillo del mar cuando sienten nostalgia. De este modo, en el recogimiento de la noche, elaboran inconscientemente su progreso. Entretanto, la atalaya les presta toda su atención, enfocándoles con su deslumbrante luz al alba. Al atardecer, afloran impresiones externas de color rosado que exhiben la bondad y la belleza de sus sentimientos. Emociones beneficiosas que florecen, al deslizarse por sus ojos, como lágrimas balsámicas. Despertares continuados que, mezclados debidamente con alegría, paciencia y serenidad, miran a diario hacia oriente. Mientras tanto, los pétalos de loto se abren en la luz dorada y la lógica del amor se transforma. Ambos anhelan alcanzar la perfección;

ser alimento saludable para el alma.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 22 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía absfreepic. 

El examen de conciencia

El examen de conciencia lo hace cada noche por si acaso al día siguiente ya no está en este mundo. Cualquiera que fuera el mal cometido, se compromete a repararlo o bien expresa su tristeza si es impracticable su reconstrucción. Pues comprende que, para ser apta en el amor, es indispensable ser competente en el arrepentimiento con la singular condición de practicar el perdón con el hostil. De este modo, desconsolada y despojada de todo lo que separa y todo lo que divide, puede ver el amor en cada persona. Antagónicamente, una excesiva concentración en sí misma no le permite conmoverse cuando el sufrimiento de su igual le toca. Pues, si para llegar a amar a alguien de verdad se debe entregar de forma absoluta, por cada acción de amor que dirige, acerca la paz a los corazones. Por lo tanto, en un entorno educativo de ayuda entre iguales, insta a convivir en una sociedad propicia para las soluciones no punitivas a los conflictos. Dinámica de asimilación de actitudes, valores y normas en el proceso de enseñar a ser, a conocer y en definitiva a convivir bajo los signos del respeto, la tolerancia y la solidaridad. Aprecio por el buen gusto, la música o la belleza, la vitalidad y la delicadeza o el correcto uso del lenguaje. Entonces, infinitamente más consciente de su amor que de su debilidad;

habla desde su corazón, su mente y su alma.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 20 escrita por Carmen Rafecas. Imagen de Alberto Hugo Rojas. Todos los derechos reservados.