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El amor sensible

El amor sensible es mucho más excelente que los templos de los poderosos, a la manera que reposan de los negocios y preocupaciones del gobierno. Más aun, como quiera que no existe corazón humano que sea digna morada del Dios de cielos y tierra, su Majestad Divina quiso crear un Corazón perfecto, para reinar y descansar en Él. Así, sin tener necesidad de salir de sí para encontrar una alegría incalculable, le hizo heredero de todo el universo. Es más, se complace en habitar en el Corazón del Rey inmortal e invisible de los siglos, pleno de todas las excelencias, adornado de todas las virtudes y enriquecido de todos los méritos. Lo mismo que en sentido figurado, la excelencia de una rosa aumenta, cuando su esencia se condensa en una gota, sin perder nada de su naturaleza. Esto es, como una gota de esencia divina que deja caer pétalos sobre la tierra para extinguir en ella toda espiritual inmundicia. Avanza, por consiguiente, el buen amor, con su ejemplo, por el camino de la perfección. Así, en virtud de ello, es menester aprovechar el tiempo presente en adquirir nuevas virtudes, desarraigar los vicios de la superficie y andar al paso del buen servir en el corazón noble que ama. Por el contrario, si se interrumpe el progreso íntimo, pronto se desvanecen los buenos sentimientos que, como las flores, pierden el aroma en cuanto se marchitan. Total, el amor sensible;

es una elección verdaderamente libre.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 115 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

La respuesta

 

 

 

 

La respuesta entrelaza sabiamente todas las verdades en su nombre. Sin embargo, el método no cambia. No se dice inmediatamente quién es. Es más, lo mismo que dice a los niños de forma sencilla lo puede decir a cualquiera. Por eso, la sociedad debe empezar prácticamente ex novo. Es decir, a educar como a niños, hasta que se vislumbre en ella generosidad y acogida. En cambio, más difícil es el diálogo con los que no creen, no esperan y no aman. ¿Pero acaso no recibimos todos la invitación a pedir por la libertad del mundo y, por tanto, por la libertad de cada ser humano? De hecho, inmediatamente después de esta recomendación, aparece de nuevo la misma pregunta aunque, hoy, la petición es más explícita: “Quiero ser libre”. Esto es, deseo ser libre ipso facto. Aun cuando los bienes terrenos frente a ella son bien poca cosa. Con todo, ninguno puede obtenerla de inmediato porque, el intervalo, en tiempos espirituales, no puede ser medido en proporción. Así se revelan las imágenes de la historia, cuyas pruebas soportadas y aceptadas con confianza son particularmente dolorosas. Por tanto, se puede decir que, lo que hoy es instinto antiguamente fue algo consciente. Asimismo, el error coincide con la ignorancia humana, lo mismo que la ingenuidad con su sabiduría. He aquí la razón por la que las fotografías históricas producen efectos diversos en los que las observan y reflexionan. Al fin y al cabo, con diferentes matices, la respuesta;

depende también de nosotros.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 98 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

La Revolución de la Conciencia

 

 

 

 

La Revolución de la Conciencia construirá la nueva cultura y la nueva política, oportunas al reto contemporáneo. Es decir, habrá que darle un nuevo rostro al socialismo, en el que el individuo se considere sujeto y no objeto del desarrollo económico, social y político. Por eso, la construcción de una nueva sociedad tendrá que ser del todo distinta del socialismo y del capitalismo consumista. Entonces, ¿qué significado tienen estas afirmaciones? La respuesta depende del ser mismo, de su libertad. En tal caso, debemos remontarnos al origen de las estructuras de la sociedad que han dejado poco o ningún sitio a la libertad del individuo. De modo que hay que investigar en el egoísmo y la soberbia de la persona, causa de corrupción, que se extiende en el tejido social. O bien, dicho en otras palabras; puesto que el ser egoísta se ha convertido en legislador absoluto de sí mismo, las cosas que salen de dentro de su corazón le contaminan. Esto es, las malas intenciones. En consecuencia, la contaminación del hombre es causa de la contaminación de la naturaleza, y no al revés. Por el contrario, el ser purificado es el ser espiritual que pone al servicio de toda la comunidad sus capacidades y talentos para el bien común. De esta forma, la solidaridad y la fraternidad entra en la cultura de cada uno de los individuos y forma parte de su existencia. Por tanto, en un momento de gran decadencia espiritual y moral, la Revolución de la Conciencia;

conduce a la espiritualización de la vida.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 96 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

Los hombres de mar

 

 

 

 

Los hombres de mar poseen una voz de tempestad para trabajar con satisfacción, aunque con un soplo de aire limpio que tienen en su mirar profundo. Es decir, no dejan que los sentimientos les dominen y les quiten el entusiasmo. Por ello, la vitalidad, la fortaleza y la decisión, compensan las necesidades insatisfechas con delicadeza. Esto es, para que no sean cautivos de sensaciones y sentimientos pesados, su corazón sea más libre y la alegría ilumine sus rostros. Además, parece como que siempre que afrontan nuevos horizontes, sus sentimientos personales se quedan atrás, como si quisieran poner distancia y situarse en otro plano. De modo que decidí no hacer caso a sus extrañas palabras. Nuestra comunicación era diferente, nuestras palabras eran prudentes. Así, con ojos soñadores, seríamos moldeados al cabo de un tiempo por ellas. Aunque, la admiración en sí misma importa poco si no se tiene un corazón de niño. Por esa razón, el pueblo suele quedarse con el pez y no con el pescador, con el dedo y no con el espejo. Si bien, la brisa era tan suave que me traía oleadas de sus sonrisas abiertas, sabía que en adelante me esperaba el habitado silencio del hogar. Por tanto, el plan marcó sin duda una clara frontera en nuestras vidas. Intuía el final de una etapa y el comienzo de otra, la más difícil, pero al mismo tiempo la más determinante. Como los navegantes en alta mar que vuelven sus ojos confiados hacia la Torre. De suerte que, los hombres de mar;

esperan desde la fe y el silencio.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 95 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Contigo

Contigo volví a escuchar como música a través de mi sueño de mujer. No era yo, sino el amor dentro de mí, que había hecho aparecer la divinidad contigo. E instantáneamente, supe que decir que “sí” era como germinar en mi tierra semillas de rosa. Es decir, sabía que mis ojos y mis manos transmitían esa gracia naturalmente. Percibí entonces la importancia de mi misión, aun cuando tuviera que atravesar por un mar de lágrimas. E intuí al momento, que habías pasado de ser un joven encantador a un hombre juicioso. Por esa razón, sentí más que nunca que sólo los humildes, pueden estrechar las manos de los pobres y pequeños. Entretanto, no necesitabas hablarme para que yo te entendiera, porque nos comunicábamos con el silencio. Pensaba que era tan maravilloso cuanto experimentaba, que solo había que esperar. Por un lado, deseaba volver a estar contigo, aunque me preocupaba cómo reaccionarías ante la música callada de mi alma. Si bien, ¿qué diferencia hay entre el cuerpo y el espíritu dentro de lo más profundo de mi ser? O dicho en otros términos, ¡qué bella es la palabra callada y qué linda música la del secreto interior! Por ende, empezabas a no entender y, al mismo tiempo, ya lo sabías. Me habías mirado, y tu mirada había provocado un canto de libertad que nos iba a permitir nacer de nuevo. Al fin y al cabo, con los años comprendí, que contigo;

sabía sin saber.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 88 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

El plan de Amor

El plan de Amor según las exigencias de la obediencia, de las necesidades y de las circunstancias, es rico en perdón. Lo mismo que observar cómo se oye no es una actuación común. O a la inversa, no ver ni escuchar tantas muestras de bondad y compasión dispersas por la sociedad. Por ello, la palabra amor es una palabra sin significado para quien ocupa las calles sin educación ni consideración por los demás. De modo que buscar el Amor, nos lleva a poner los ojos en el Cielo para seguir pisando sobre el suelo mojado. O bien, en el orden moral, el amor marca la relación con Dios, con el hermano y consigo mismo. Por esta razón, resulta tan lúcida la sinceridad cuando no se entiende el lenguaje. Esto es, a fin de probar los corazones para rechazar el engaño. Sin embargo, hay una observación fundamental en el plan: la libertad y la responsabilidad. Así, el pueblo libre goza de un olfato especial que, a veces, desconcierta a los expertos. Un ejemplo vivo ha sido su intuición ante el misterio de la Inmaculada Concepción de María. De tal forma que Ella tiene un Corazón Inmaculado, aun cuando nosotros no podemos limpiar el nuestro. El asunto es que en el Cielo, el Amor no autoriza nada corrupto ni deshonesto, para que no se pueda conquistar el mundo mirando solo el suelo. En cambio, en sentido figurado, sujetos a la obra maestra, todas las artes claman la gloria de tan sublime belleza. Ergo, el plan de Amor;

nos regala su Corazón, aunque no lo merecemos.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 80 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

El espíritu de la ley

El espíritu de la ley se eleva más allá de las normas, en ayuda de nuestra debilidad. Desde grandes distancias observa a los inquilinos del suelo, y más vigila todas sus intenciones. Pues si sólo se limitara al riguroso cumplimiento de la ley, le acecharía el vacío. O dicho en otros términos: tras dictar la ley sin profundizar en el espíritu que la inspira, la libertad termina esclava. Esto es, sujeta a la norma, y no a la persona que la imita a ejemplo de amor. En consecuencia, si bien la ley es el camino, no es en absoluto la meta. Por ello, afín a la sanación del cuerpo que suele a ser progresiva, no duda en exponer hasta la vida para fortalecerse. Asimismo la libertad es la razón de su vida, lo que la causa y la conserva. Por eso siempre disponible, encuentra consuelo en socorrer a los abatidos, cuando no son obstinados. Es decir, por su medio encuentran refugio contra el abandono, igual que el amanecer da comienzo al día. Pues en verdad marca el fin de los perjuicios, y justifica el comienzo del progreso. Por el contrario, si en el mundo no hubiera luz, ¿qué sería el mundo, sino confusión? ¡Pobres infelices los que se alejan de su defensa, y dejan de confiarle sus errores! O bien, pierda el alma el espíritu de la ley y hallará la oscuridad, con todas las fieras de la selva. En fin, si dicen que el amor hace, a los que se aman, semejantes; figurado con forma de bellísima gaviota, el espíritu de la ley;

transforma corazones, a favor de aquellos que le aman.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 48 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Marina

Marina gobierna embarcaciones, entre las aguas de debajo del cielo. Es decir, como fuente abundante de vida, cuanto más se saca de ella, más se llena. O bien, vestida de belleza y majestad, se cubre con el manto del océano, en la mar salada. Esto es, como la sal que da sabor a los alimentos, dirige a los navegantes, para alejarlos del lugar en el que se han perdido. Entonces, como refugio seguro en todos los peligros de la vida, los conduce a buen puerto. Por ello se dice que mil auxilios penden de ella, en la consecución de la libertad. Pues del mismo modo que los amantes hablan con frecuencia de la persona amada, los marineros procuran elogiarla, con el corazón y los labios. Así, dicen: ¡Oh, dulce marina! Ponte sobre mi corazón para que, en ti y por ti, permanezca fiel a la inmensidad. Concédeme por tu bondad, la destreza de sumar en el número de los que amas, despreciando por tu amor, todas las consolaciones de la tierra. Pues cuentan de ti, que cuando ves a tus hijos en peligro por el bramido de la tempestad, los abrigas en tus entrañas, en virtud de la ley. Mas si es verdadera la sentencia, como yo por verdadera la tengo, todos los náufragos que confían en tu mediación, se salvan. En realidad, desde que diste tu consentimiento en desposarte con el mar, obrador de la justicia contra los piratas cuando es debido; nuestra confianza en ti es grande. Justo fue en ese instante cuando, atenta únicamente en aliviar el sinsabor de los más necesitados, te aclamamos;

Reina del mar de mares.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 47 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Su presencia

Su presencia, siempre misteriosa, es cuanto tiene y ama. Representa luz e inocencia, claridad y respuesta, acogida y escucha. Aun así, exige mucho a cambio de su confianza, pero no duda en obsequiarla a quien se ajusta a su llamada. Con todo, seguirle conlleva un cambio de vida que, en sentido figurado, se asemeja al aprendizaje de un nuevo idioma. La experimentación de una metamorfosis no sólo en el lenguaje, sino también en la forma de pensar. O bien, en otros términos figurativos, la esposa sumergida en el agua debe dominar los mares, del mismo modo que el alma en posición recta gobierna al cuerpo. Es decir, ambos confían tanto en el amor, que no les importa llamar la atención e incluso hacer el ridículo. De hecho, de su presencia depende la horizontalidad de la balanza, a fin de que se ilumine el juicio y desvele multiplicidad de posibilidades. Pues, a decir verdad, son parte de un mismo organismo que vive una sencilla historia de amor. Se prestan oídos de día y de noche, se preguntan en qué sentido hablan sus palabras en la vida y las practican en común. Mensaje que les hace ser libres, en plenitud de proyectos, si lo aceptan con generosidad y servicio a las personas. De este modo, como dos enamorados cogidos de la mano, sobrenadan en el océano;

en toda circunstancia y con naturalidad.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 32 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía Unsplash. 

La carta amorosa

La carta amorosa, en virtud de su intención, comparte el camino de paz y amor. Sin embargo, el seguimiento es especialmente costoso ya que, en caso de decepción, el navegante no puede recuperar su cometido de inicio. Consciente de que lo deja todo, y por ello despreciado, sigue la carta amorosa con admiración. No obstante, de una manera superficial, los desiguales le ponen trabas y exigencias, porque los planes y caminos distan exactos del cielo a la tierra. Es decir, la vela se convierte en estandarte de discusión, como si fuera competente el condicionar la providencia; del mismo modo que se margina lo que molesta y se acepta sólo lo que parece bien. Mas el marino, valiente y agradecido, ama  la libertad y, de hecho, su decisión de marchar constituye la pieza clave de aceptación del trance. Pues sabe que, aun siendo libre, con sus defectos y virtudes, las consecuencias son decisivas para su vida. Demuestra que ha innovado sus criterios, valores y actuaciones, en una sociedad de libertades y audacias. Y, por lo tanto, a pesar de todas las incoherencias, es generoso según las exigencias del amor, de las necesidades y las circunstancias. De forma que, llamado a una objetividad saturada de desgracias y obligaciones, empieza de nuevo para penetrar en la historia más bonita de amor. E, igual que no hay nada ignorado que no llegue a saberse;

descubre la confusión y el desorden.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 27 escrita por Carmen Rafecas. Imagen de Joel Lacire. Todos los derechos reservados. 

La sed de verdad

La sed de verdad, como linda expresión convertida en metáfora, le indicaba que su deseo era sincero y veraz. Sin embargo, no podía alcanzar la felicidad mientras que lo que le rodeara no se correspondiera con sus expectativas. Ruptura que le hizo cambiar de país, de amigos, y hasta de relaciones familiares, causada siempre por la misma razón: la desilusión de no encontrar lo que anhelaba. Pues, teniendo el mismo fundamento vital que el hambre, la sed la sentía enseguida y más a menudo. E, igual que un largo proceso natural precede la llegada de un trozo de pan a la mesa, se esforzó en comprender y procuró el sustento perdurable. De repente le llegó un pensamiento inspirado, de igual forma que un pedacito de vida, madura con la buena tierra, la lluvia y el sol. Un pensamiento recurrente, lleno de paz y, dulcemente alentador, que le acercó hasta una nueva luz para que hiciera una elección de vida. O bien: una pregunta directa aun a riesgo de recibir una respuesta dolorosa. Pues, si se interpreta que para creer en alguien primero hay que amarlo, la confianza aumenta y el amor se fortalece. He aquí la razón de por qué la sed de la verdad no encierra misterios incomprensibles;

libre de marcharse, en cambio, permanece.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 4 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Enamorado de la verdad

Enamorado de la verdad, fue elegido como protector leal de sus tesoros. Con insobornable fidelidad, cumplía su oficio sin sentir las afrentas. Vigilante de lo escondido, discutía la causa y apuraba los hechos. Separándoles, unos de otros, los interrogaba para torcer sus calumnias con la propia confesión. O bien: igual que en la Ley el testimonio de dos es válido, les ajusticiaba con la misma pena tramada contra su igual. Pues, sabiendo que al resbalar en el abismo se toca fondo, solo en ese momento puede comenzar la subida de los cautivos. Ilusión que sorprende antes de conocer el resultado, mientras una hilera de humo blanco asciende hacia lo ilimitado. Simplicidad en la comunicación de decisiones, en acuerdo o desacuerdo, que solo se explica, paradójicamente;

por su trascendencia.

Post escrito por Carmen Rafecas.