Culture of Peace to drive social change

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Melodías

Melodías que interpretan, en clave de sol, la luz que hace posible la vida. Por eso, palpitando en lo más íntimo de cada nota, acompañan los sentimientos humanos de una exquisita musicalidad. Es decir, como una cortina conveniente, las melodías se hacen accesibles a nuestra pobre sensibilidad humana por el encanto infinito de la belleza. O bien, dicho en sentido figurado, la pieza que se armoniza en la ventana traslúcida, es capaz de tocar hasta el último latido de un corazón pasajero. Aunque, es menester, sobre todo, que el espectador siga dócilmente su influencia y se pierda realmente en ella. Más aún, es como ponerse en manos del creador y concentrarse en los signos que descifran el dolor y la alegría, sin quedar ciegos del todo. E igual que dejar hacer que los sonidos más desgarradores de nuestro pobre espíritu sean reflejados en la luz tamizada de la cristalera, sucede algo misterioso que nos cuesta ojear. Hasta el punto de poder captar que todos los sentimientos esenciales sean consolidados en una tierna mirada de amor. Dejándose llevar por una apacible unión sin palabras, y permaneciendo así todo lo posible. Hasta que el compositor suelte las teclas de un corazón efímero y el último sonido se apague. En suma, melodías;

de fondo, de luz, de sentido.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 146 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

Sufrimientos

Sufrimientos, entre los cuales, algunos los impone la naturaleza, mientras que otros provienen de la perversidad de ciertos individuos. Por eso, nada nos debería resultar tan familiar como el dolor. Aun cuando sea malo sólo en forma, pues, en fondo, el mal surge con la consciencia. Lo mismo que la naturaleza no garantiza el derecho de los débiles porque, según la ley natural por la cual se rige el mundo animal, el más fuerte tiende a imponerse a costa del más débil. En consecuencia, lo único doloroso que depende de uno mismo es el mal moral que se puede eludir o no causar. Por lo demás, gran parte del sufrimiento es considerado como inevitable compañero de nuestra condición, aun rebelándonos contra él. Y entre tales elementos, con inmensa fortuna, tal vez se puedan evitar los daños más aterradores causados por la desigualdad geopolítica. Aun cuando el mundo sigue caminado con esos procesos de fortaleza y debilidad que no constituyen problema alguno para los seres inconscientes. O bien, dicho en otras palabras, mientras el poder desnudo es capaz de realizar lo que desea, la justicia es compromiso de expandir su protección. Esto es algo así como no portarse injustamente con los congéneres, trémulos con el rugido del león. Siendo así, acá no hay más que conformarse con el poder oculto, sin pretender razonar con la justicia divina. En fin, sufrimientos;

necesarios con lúcida resignación.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 130 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

La música de la vida

La música de la vida nos ayuda a apreciar los sonidos, los ruidos y también los silencios. Así, las notas que parecen disonantes, pueden convertirse en parte de una bonita canción. Lo mismo que cuando una nota se enfría, comienza a vibrar otra distinta. Porque la vida es todo lo que se pueda experimentar, y cada día viste un himno secreto. Pues, ¿Acaso la armonía universal puede carecer de belleza sin ton ni son? ¿Acaso pueden marchar dos acordes sin canción? Más aun, ¿Puede sonar el toque de queda sin que se estremezca la ciudad? Entonces, ¿Quién no temerá por su designio, cuando no se advierte ya en el pueblo la música de la lira? Tal vez por eso, sólo vivan tranquilos los que vocean contra la corrupción de los jueces. Pues bien, he aquí un territorio oprimido por tergiversar derecho por sinrazón y justicia por pena. En tal caso, ¿Para qué sirve conquistar la nación con la propia fuerza, si el enemigo acaba cercando el país íntegro? Esto es como una sílaba repetida que carga con aquellas cosas dolorosas que necesitamos expresar. Y, aunque nuestros sentimientos y nuestras necesidades nos llevan a defender exclusivamente nuestros propios intereses, bailamos al compás de lo que nos toca vivir a todos. En cambio, la música de la lira acerca los oídos al canto espiritual para reconocer que, cuando aparece una pieza nueva en la composición, la música de la vida;

escucha con el corazón.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 126 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Un ideal imposible

Un ideal imposible suscita un anhelo inalcanzable en la tierra, aunque posible en el cielo. Por eso, cada vez que nos disponemos a hacer algunas renuncias, queda un espacio vacío de un tiempo a otro que dificulta nuestro abandono. Entonces, ¿con qué se llena ese intervalo para que se convierta en algo provechoso? O bien, dicho en otras palabras; pese a que soñamos con cambiar el mundo, ¿somos conscientes de que la superficie no concede la felicidad completa? Y sin embargo la luz alumbra el muro de cualquier persona, sin importar la suntuosidad de su estancia. Así, se coloca en su interior e impregna de luminosidad el ser. Aunque, sin duda, lo único que puede llenar la inexistencia es el amor que respira. Esto es como existir y respirar. Ahora bien, en la carencia se contempla su delicadeza en cuánto más se atiende a su palabra. Es decir, más que a la propia mente. Igual como, en sentido figurado, nace un sentimiento verdadero de gratitud en una habitación vacía. Por el contrario, la esencia de la persona que se contempla a sí misma, se queda a ras de suelo. Es más, termina por creer que la ornamentación de su paradero alimenta su dimensión espiritual. Por consiguiente, a sabiendas de que la soberbia no brinda la perfección de la meta, nos hacemos capaces de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida diaria, aun sin estar acabadas por completo. En definitiva, un ideal imposible;

en los tiempos contemporáneos.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 123 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

El adagio

El adagio ya no tiene necesidad de subir al cielo para ver el amor de su vida. Es más, si le quiere compensar no ha de hacer más que exaltar el corazón donde reposa. Aquel amor que ilumina el juicio con un rayo de luz de su inteligencia divina. Por eso, en lo más íntimo de su realidad recibe, es y vive en su dependencia. Lo mismo que una flor callada y serena se deja tomar el centro más tierno para experimentar el amor. Al punto de abandonar la resistencia y vivir una delicada experiencia mística. Y allí mismo se dicen cosas muy bellas, jugando, a un mismo tiempo, por el orbe de la tierra. Como un artista feliz que aviva puntos de luz en el cristal de enfrente donde aparentemente hay opacidad. O bien, un ejemplo de juego sublime que impulsa a cooperar con la novedad. Entonces, deslumbrada la flor con la luz espléndida, ya no le domina la negrura del mundo. Es más, la luz sobrenatural riega y transforma la noche donde está sumergida. Por eso, sólo con mirar descubre que existe la verdad. Además, este conocimiento tan delicado está y consiste en su interior. Es decir, sus sentimientos, afectos, pensamientos. E igual que el adagio propone salir de un estado pasivo para pasar a la acción, el amor se le comunica como un amigo a otro amigo, in crescendo. He aquí, porqué contempla con frecuencia las admirables virtudes que en Él resplandecen. Así experimenta lo que dice el adagio;

“amar a quien, por amor, ha dado la vida”. 

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 119 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Alma de pobres

Alma de pobres que actúas en los corazones humildes que necesitan tu fuerza. De tal forma que, liberados de la vanidad y el desprecio hacia otras personas, tomas su mirada para que vean a los demás con inmensa paciencia. Además de vislumbrar los errores propios en la vida, y dónde se anclan estos. Y con todo, aunque la mente le quite importancia a las experiencias traumáticas del pasado, la afectividad sigue sufriendo por esas heridas. Esto es, en sentido figurado, como un ser que riega con abundantes lágrimas la superficie seca que penetra, hasta que reverdece y se llena de flores. O bien, dicho en otras palabras, es comparable a las gotas doradas que devuelven la energía y la bondad a la vista. De hecho, igual que el que no tiene nada no se le ocurriría enorgullecerse por eso, los pobres no se sienten tristes por descubrirse pequeños. Más bien, libres de la suficiencia, están realmente abiertos a la fuerza del alma. Aunque sin su acción no hay inocencia porque, sin duda, la persona estaría buscado el propio interés sin preocuparse con sinceridad por el bien de los otros. También, sin agradecer en efecto la acción de gracias. Ahora bien, si pudiéramos gustar el alma buena, sin mezcla de envidias o rencores, apreciaríamos que no hay nada más dulce que su presencia. Esto viene a decirnos que siempre es posible comenzar de nuevo. Sólo con el alma desprendida;

como río caudaloso que limpia y deja el rostro blanco.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 114 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

Esclavitudes

Esclavitudes, aparentemente, con buen comportamiento, a la par que pueden estar tramando la manera de dominar a los demás, y alimentar el odio. O bien, dicho en otras palabras; hay personas que en la verdad secreta de su corazón, sólo piensan en su propio bien. Entonces, todo lo demás puede ser falacia, porque, con frecuencia, la deshonestidad se reviste de buenas obras y bonitas palabras. Pero de nada sirven si no hay belleza en el fondo del corazón. En tal caso, ¿qué significa esto? Si bien, aunque todos estamos encadenados al egoísmo, al individualismo, continuamos sujetos a un único poste. De esta forma, aún sin saber cómo, dónde está su apoyo la libertad se alcanza poco a poco. Más aún, para alcanzar la verdadera libertad hay que descubrirse completamente, reconocer el encadenamiento y entregarlo en favor del bien común. Así, progresivamente irá surgiendo el deseo profundo de dejarnos sujetos a su Fuerza. De tal forma que se haga espontáneo realizar obras de caridad. Mas no por obligación o egocentrismo, sino porque surgen de un proceder sencillo del corazón transformado por el Amor. En cambio, la libertad sin amor es pura apariencia. Es decir, nada complace si las propias necesidades nos amarran. Por esa razón, los hechos enlazados desencadenan situaciones extraordinarias, desenmascaradas con toda claridad. En fin, esclavitudes;

que restituyen la alegría, el dinamismo, la paz.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 107 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

Volver del revés

 

 

 

 

Volver del revés la contraposición de las diversas concepciones del mundo, nos pondrá en condiciones de conocer la lectura de la vida. El interés particular y el deseo de vivir intensamente, han contribuido gradualmente en la difusión de la conciencia materialista y hedonista de la existencia. Por ello, aunque el hombre sea exteriormente libre, no lo es interiormente. Asimismo, entre el error individual y el error social hay como una influencia recíproca, lo cual significa que Occidente se ha transformado en una sociedad sin valores. Lo prueban la crisis de la familia y la difusión de la droga en todo el mundo, al igual que la dificultad que tienen las personas perjudicadas para salir de su estado de confusión mental y práctica. Y los ejemplos podrían proseguir. En consecuencia, hoy en día, la comunidad está sufriendo una profunda crisis de carácter moral. Más aún, la paz y la guerra de la pluralidad es el efecto de la paz y de la guerra de nuestra conciencia, que elige o el bien o el mal. Lo mismo que el mundo externo es el espejo del mundo interno. Por tanto, cuando en el mundo visible se opta por falsas fuentes de vida, significa que en el mundo interior no coexiste el amor. Por eso, sólo el Amor puede dar paz dentro y fuera del individuo. Si bien, primero en su mundo interior antes que en su mundo exterior. Entonces, ¿qué debe hacer el sujeto para cambiar el mundo? La respuesta es tan sencilla como la pregunta. Volver del revés;

un valor objetivo y subjetivo.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 97 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

La Revolución de la Conciencia

 

 

 

 

La Revolución de la Conciencia construirá la nueva cultura y la nueva política, oportunas al reto contemporáneo. Es decir, habrá que darle un nuevo rostro al socialismo, en el que el individuo se considere sujeto y no objeto del desarrollo económico, social y político. Por eso, la construcción de una nueva sociedad tendrá que ser del todo distinta del socialismo y del capitalismo consumista. Entonces, ¿qué significado tienen estas afirmaciones? La respuesta depende del ser mismo, de su libertad. En tal caso, debemos remontarnos al origen de las estructuras de la sociedad que han dejado poco o ningún sitio a la libertad del individuo. De modo que hay que investigar en el egoísmo y la soberbia de la persona, causa de corrupción, que se extiende en el tejido social. O bien, dicho en otras palabras; puesto que el ser egoísta se ha convertido en legislador absoluto de sí mismo, las cosas que salen de dentro de su corazón le contaminan. Esto es, las malas intenciones. En consecuencia, la contaminación del hombre es causa de la contaminación de la naturaleza, y no al revés. Por el contrario, el ser purificado es el ser espiritual que pone al servicio de toda la comunidad sus capacidades y talentos para el bien común. De esta forma, la solidaridad y la fraternidad entra en la cultura de cada uno de los individuos y forma parte de su existencia. Por tanto, en un momento de gran decadencia espiritual y moral, la Revolución de la Conciencia;

conduce a la espiritualización de la vida.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 96 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

 

Compartir la vida

 

 

 

 

Compartir la vida, consciente de repartir algo importante, lo hacías cada día con respeto y acción de gracias. Por entonces, las espigas que a la luz del sol advertían un color anaranjado, se inclinaban anhelando la cosecha. Eran momentos tan suaves como pasear por el campo de tu mano. Aunque a medida que iba creciendo nuestra intimidad, yo sabía que, sin saberlo, algo nuevo nos esperaba. Vale decir que a través de esos momentos fugaces en que la vida cambia el estado de consciencia, una parte del todo ve, viaja, y camina. Además, yo intuía que me iba incorporando a la continua provisionalidad, aun sin noticias. Y todo esto me lo decías en silencio, convencido de la eficacia de una rutina llevada con alegría. De tal forma que, como un punto de luz que reproduce el trigo en mi alma, aceptaba tus exigencias. O, viceversa; todo estaba igual y distinto, a la espera de poner flores en una vasija y llenar de vida todos los rincones de la casa. Aunque, yo prefería dejar a oscuras la ventana de mis revelaciones para no precipitar los acontecimientos. Es como si todo transcurriera gracias a la quietud de una familia sencilla, sin darme cuenta de lo que significaría con el tiempo. A fin de cuentas, cuando una luz palpita en el interior, hasta lo más oscuro se deja ver de alguna manera iluminado. Siendo así, ¿habría algo o alguien que pudiera arrancar la llama del deseo que arde en lo más profundo del ser? Tal vez hay que esperar y compartir la vida;

vivir como si no hubiera pasado el tiempo.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 91 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Saber esperar

Saber esperar, en este tiempo, tiene la finalidad de prepararnos para las fiestas de Navidad. De modo que, en forma de contraseña, un mensajero se exhibe delante de nosotros para preparar el camino. Pues, entre las virtudes que se nos exigen, está la de saber esperar con alegría, lo mismo que se alegra el desierto cuando produce flores como el lirio. Así, el mensajero nos viene a decir que no se ha equivocado en el anuncio. En tal caso, lo que importa desde antiguo es la venida del amor, si bien a veces esté envuelto en señales menos comunes y académicas. La razón es la comunicación de su proximidad, al prestar nuestras manos a restaurar, reconciliar y restablecer el llanto y el dolor, en felicidad y dicha. O bien, es la coincidencia humilde de nuestra propia pobreza la que alcanza su mirada. En vista de ello, si observamos la tierna imagen figurativa, hay una gran diferencia en construirla a golpe de martillo, y hacerla por medio de molde. En consecuencia, los que abrazan el molde del divino mensajero, bien pronto son formados y moldeados en el amor, confiando únicamente en la bondad del modelo para llegar a la figura natural. Por el contrario, los escultores que emplean mucho tiempo sobre una piedra dura o un pedazo de madera tosca, les resulta artificial quizá por haber dado mal algún golpe que daña la obra. A fin de cuentas, es importante destacar que no se arroja en el molde más que lo que está fundido y líquido. Es decir, es menester fundir lo viejo y pasado para llegar a ser lo nuevo y actual. En fin, para ver justamente;

lo sensible y lo extraordinario.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 39 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

La lógica del amor

La lógica del amor es totalmente distinta a la nuestra, según los criterios de la sociedad. Para integrarla en uno mismo no hay que ser muy adinerado ni prestigioso. Ahora bien, sin esfuerzo por nuestra parte, ¿cómo pretender auxilio?; exigirlo sería aproximadamente un ejemplo de fraude. Pues, solo el navegante que forcejea con sus propios brazos, puede alcanzar la orilla después de mucho recorrido y esfuerzo acumulado. Entonces, dormido y maravillado en la noche, lleva por antorcha el discernimiento para oír y mantener el canto intuitivo de la sirena. Imagen a semejanza de dos corazones unidos por un mismo deseo, contemplándose en el brillo del mar cuando sienten nostalgia. De este modo, en el recogimiento de la noche, elaboran inconscientemente su progreso. Entretanto, la atalaya les presta toda su atención, enfocándoles con su deslumbrante luz al alba. Al atardecer, afloran impresiones externas de color rosado que exhiben la bondad y la belleza de sus sentimientos. Emociones beneficiosas que florecen, al deslizarse por sus ojos, como lágrimas balsámicas. Despertares continuados que, mezclados debidamente con alegría, paciencia y serenidad, miran a diario hacia oriente. Mientras tanto, los pétalos de loto se abren en la luz dorada y la lógica del amor se transforma. Ambos anhelan alcanzar la perfección;

ser alimento saludable para el alma.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 22 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía absfreepic.