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Relaciones esenciales

Relaciones esenciales que reducen todo en última instancia, a ser encauzadas como gotas de agua hacia el Fin supremo. Pues, aún el amor bien cultivado, exige encajar múltiples intereses del modo más formal posible. Esto es, como recomponer una imagen perfecta combinando de manera lógica piezas de distintas formas. O bien, dicho en otras palabras, en una situación compleja de difícil comprensión, se requiere práctica y paciencia para unir el mismo deseo a las distintas partes. Divinas decisiones, proclama el Derecho: y por consiguiente, en el orden de la finalidad, vincula unas con otras. Así, en un bonito rompecabezas, dispone a una imagen con miras a su primer objeto de amor siempre en crecimiento. Esta es la razón de ser que condensa en Sí la existencia totalmente impregnada de vida. Por lo que pueden y deben velar las más diversas formas que se maravillan mutuamente. Y eso no es más que el exterior. ¡Qué sobrepasada se ve la sencillez por lo interior! Cuando el amor se oculta en la superficie para penetrar hasta las profundidades más secretas del alma. O cuando en el recogimiento se revela como de paso, la luz adorable de los misterios, para el alma sola inteligibles, porque las cosas divinas son su atmósfera natural. En suma, relaciones esenciales;

en espíritu y en verdad.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 148 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Inspiraciones

Inspiraciones en mí, en tu presencia, para amarte con confianza. Esto es, reconocerte en todas partes suave como una paloma, cálido como un soplo de aire y discreto como una caricia. Luego, una vez puesta en condiciones de percibir como tal dicha influencia, se adhiere mi alma en silencio sublime. Así, sin límites, como si la luz necesaria de tu ser se reflejara en mi forma de vivir. O, visto de otro modo: para que no me mire constantemente a mí misma y sea capaz de admirar tu encanto inacabable. Igualmente, en sentido figurado, un corazón abierto dócilmente a las inspiraciones constantes desvela una sonrisa, en un rostro maravillado por una luz radiante. Es más, en los humildes detalles de su semblante es copia imperfecta, pero bien dispuesta, de tal imagen inspirada. Entonces, lo menos que se puede hacer es no rechazar, ni siquiera interiormente, las pruebas más insignificantes y evidentes que se encuentran en las contrariedades de cada día. Y, sin embargo, en la oscura debilidad humana se libera algo de fortaleza que, sin esa negrura, no habría sido descubierta. Por ello, cada desafío de la vida es una oportunidad para descubrir algo nuevo, de manos de su espíritu. En suma, inspiraciones;

por el bien, la verdad y la belleza.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 144 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Antes de vivir juntos

Antes de vivir juntos, la lectura de este texto nos transporta fuera de los ángulos, a un espacio libre. Por eso, resulta vano todo intento de resistirse a ser alcanzados por el vendaval que ha traspasado nuestra existencia. Es decir, si ahora aprendemos a vivir en una comunión recíproca, la consecuencia inmediata será una evolución del individuo hacia la llamada de la alteridad. En tal caso, eso será una buena señal: tocará nuestro cuerpo y nuestras capacidades, y nos preparará para vivir un futuro mejor. Para ello, las disposiciones por las que hoy somos conducidos llegan hasta su fin último, si nos dejamos sacudir en toda circunstancia. Naturalmente, en ambos casos está implicada la identidad y la misión de cada cual, fiel a la palabra. De modo que el libro de la vida podría sintetizarse en ese compromiso que, por rigurosa analogía, queda identificado con el amor y su conocimiento. Esto es, en ejemplo verdadero de amor solidario hacia los demás. Entonces, se entabla un proceso de rejuvenecimiento con el lector en duelo. Lo mismo que, en sentido figurado, el autor pacta con el que no conoce, el alto y el bajo descanso en su defensa. Porque, si uno camina sólo y no comprende, acabada su obstinación cesará la oscuridad. Pero, si éste extiende la red y la lleva consigo, el conjunto se apartará del camino recto. Por ende, antes de vivir juntos;

conozcamos el amor.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 129 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Un cambio de registros

Un cambio de registros tiene especial relevancia en contextos fabulosos en cuanto a la transformación del valor expresivo. Es decir, su fuerza ética se expresa en otras fórmulas equivalentes en lógica y matemáticas. Así pues, imaginemos lo que supondría vivir las cosas superficialmente sin registrar con atención qué hay en ellas. O bien, dicho en otras palabras; para comprender un cuento simple ilustrado con el símbolo del pez, todo el valor es fundamental. Por eso, concierne aclarar que la reinterpretación de las palabras introduce a algunos a tomar el cuento como una historia real. Y con aparente razón, porque el mensaje maravilloso no hay quien lo entienda. Es más, la ironía de la vida prácticamente se percibe como una satisfacción de intereses urgentes, más que en perspectiva. De modo que en dicha resistencia se revela el disgusto del lector, a fin de que sea invitado a un cambio de registros. Así, le puede sorprender satisfactoriamente vivir en la inseguridad de los caminos, aun cuando muchos no puedan comprenderlo. Igual que en la vida de cada persona hay valiosas posibilidades realizadas de un solo trazo, en medio de las tristezas, los errores y las dificultades. Esto es, en sentido figurado, como una estrella de cinco puntas, dibujada con cinco trazos rectos, que actúa oculta en el perfil de la propia vida. En suma, un cambio de registros;

del amor y la universalidad.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 125 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Acción de gracias

Acción de gracias que impulsa a buscar magia detrás de un sueño nuevo, aun cuando somos pedacitos de un universo sin límites. Si bien, tal pretensión es absurda si nos arrastra a sospechar que el mundo gira alrededor nuestro. Por eso, la debilidad se rebela cuando reclama ser el centro de todo. En cambio, la misma nada procura destruir su soberbia para liberar a muchos sufrimientos vanos. Esto es, como una luz más que gira alrededor de esta humanidad inmensa para corresponder a tal merced. Así, la indulgencia conduce todas sus acciones hasta la muerte. O bien, dicho en otras palabras, el mundo avanza en tanto que las estrellas fugaces caen y el destino llega a su fin. Hasta el punto de trascender las cosas de la tierra, al descubrir al Cielo, infinitamente más grande, que refleja en ellas. Porque toda experiencia de amor sincero es una centella de ánimo que brilla en este mundo. De tal forma que se hace presente la vida en las relaciones humanas. Entonces, si dedicamos tanto tiempo a los elementos de este mundo, ¿por qué no dedicar tiempo exclusivamente para el Creador? Es decir, con los ojos cerrados en la intimidad más escondida, buscándolo en la vida para que actúe en silencio. Ardiendo en su pasión todo cansancio para cumplir con valentía el cometido, aun de manera imperfecta y limitada. De aquí la preferencia por celebrar la vida con acción de gracias;

tras muchos días de lluvia apacible y sosegada.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 120 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

El secreto de la Navidad

 

 

 

 

El secreto de la Navidad, se hallaba en la alegría de contarte cuentos repletos de detalles sensibles. A fin de cuentas eras un niño, y los niños tenéis un sexto sentido para permanecer felices. Fueron años radiantes, en los que interrumpías tus juegos y venías corriendo: – ¡Mamá, cuéntame un cuento! Entonces, yo te sentaba en mis rodillas. Había una vez, un pueblo que no había visto nunca la Navidad. Sin embargo, la mayoría de los habitantes imaginaban mil maravillas sobre ella, y estaban convencidos de los beneficios que podría prestarles: la salud, la felicidad, y el amor. Es decir, el mero saber que la Navidad estaba en su corazón, les daba la confianza necesaria para sentirse afortunados. Por el contrario, el enemigo que andaba en continuas guerras con ese pueblo, vivía muy triste en su país. – ¿Y qué hizo? – Pues fíjate, dijo: Si aceptamos los bienes de la Navidad, ¿no vamos a aceptar los males? De modo que sus conciudadanos estaban hechos un lío. ¿Sabes por qué? Porque no encontraban explicación a los sufrimientos de la vida. Aunque, ¿qué podía alegar? También yo me sentía pequeña. La multitud prefería comerciar hasta con la bondad y los sentimientos, antes que dar sin pedir nada a cambio. Por esta razón tu ley es un contraste, accesible sólo para los que son capaces de comprenderla. Así que a veces te siento en mi regazo, y otras te contemplo, a lo lejos, como independiente. De hecho, el secreto de la Navidad;

es un don del tamaño de tus sueños.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 92 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.

Orando con el corazón

Orando con el corazón avivo Luz para mí, para mi familia, y para toda la humanidad. O bien, como avecilla consciente de que no es dueña de sí misma, observa el derecho y practica la justicia, incluso cuando otros le hacen sufrir injustamente. Entonces, al experimentar la verdad de todas las cosas de una manera nueva, percibe que el mundo no puede satisfacer su corazón. Por esta razón, se abre a lo extraordinario y le acoge con sencillez en la oración constante. De este modo, un corazón bien dispuesto, renuncia a todo lo que le aleja del Amor y se hace libre de espíritu, no prisionero. Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su recuperación sino volver desde la oscuridad al resplandor? Entonces, libre de la negrura del pasado, comienza a vivir de nuevo y de manera diferente. Por tanto, consciente de que, al ser libre y escapar de su poder, queda al margen de la sociedad, su seguimiento incondicional a la Vida supone amistad y amor. Esto es; ese estado en el momento cumbre de la relación en el que se comparte, se convive y se comprende hasta entregar la vida. Por ello, el Amor transforma la naturaleza de la vida hasta hacernos semejantes a él, pero, ciertamente, desconocemos el cómo y el cuándo. Lo mismo que en un razonamiento humano no cabe este hecho y, sin embargo, muchas personas le buscan sin saberlo. Por ende, dando señales de renuncia a la maldad y avanzando en el bien, se orientan muchos corazones por el camino de la paz. En fin, orando con el corazón;

se alcanza a comprender que el Amor es para todos.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 75 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Sensibilidades

Sensibilidades que invitan a cuántos las escuchan, a fijar en ellas la mirada de su corazón. Por ello, quien quiera comprenderlas mejor, ha de saber descubrir su sentido en el Amor. Así, al terminar la travesía, desembocarán en una nueva vida. Es decir, dejando atrás muchas de las seguridades de este mundo, el camino nos indica la verdadera dirección de la vida diaria. En tal caso, la concha del peregrino simboliza las obras buenas en las que se debe perseverar hasta alcanzar el destino. De manera que, para seguir el camino recto, el paso que se da es sencillo y humilde. Sin embargo, pese a que las metáforas están llenas de fuertes exigencias, se trata de discernir, de decidir y de ser generosos en el viaje. Esto hace alusión a los peligros que amenazan al caminante y que hay que afrontar. Es decir, si el enemigo consigue ahogar la señal en nuestra alma, deja al Amor como algo ilusorio y superfluo. Entonces, debemos preguntarnos: si nosotros tenemos que elegir, ¿conocemos la fuerza del amor realmente para oponernos al embaucamiento? Pues, si bien es cierto que el sentido puede más que el absurdo, la última y decisiva palabra la tiene la Vida. Por el contrario, fuera de Ella no hay Amor que cuide de todo, a causa de que su fuerza es el comienzo de la justicia. En este sentido, el justo debe ser humano e indulgente con todos. Al fin y al cabo, son sensibilidades que anuncian lo secreto;

el ser con alegría y decisión.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 71 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Puro misterio

Puro misterio, el conocerle, amarle y sentirle con absoluta confianza. De tal forma que, de cuánto el Amor quería de ella, fundó en él su manera de existir. Así lo experimentaba y lo expresaba en su vida familiar, y en las comunidades que participaba. Por lo que especialmente apta para desempeñar la misión de madre y educadora, suscitaba en el corazón humilde, el deseo de dicho amor. En contraste, obediente y escondida, no ambicionaba lo que el Amor no había pensado para ella. De hecho, aceptó la invitación a una confianza sin vacilaciones, cuando no entendía el sentido y la utilidad de la petición. Entonces, del mismo modo que todo consentimiento debe superar la difícil prueba de la duración, no abandonó en la oscuridad, lo que aceptó en las horas de entusiasmo. O bien, en otras palabras; por más duras que sean las pruebas de la vida, en vez de crear distancia, suscita una cercanía continuada y afectuosa. Esto es, como si acogiera de nuevo en el regazo, al corazón que había latido al unísono con el suyo. Por esa razón, las tres rosas rojas que reposan en su falda, simbolizan la belleza de la verdad y del amor, a imitación de la suya. De modo que, quién fija en ella su mirada no pierde la serenidad. Conserva su recuerdo, y se esfuerza en ahondar en su comprensión para acunar al Amor. Esto es, aceptar y conocer el puro misterio;

entregar el cuerpo para sentir el alma.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 69 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

El amor continuado

El amor continuado es todo fuego y llamas. Inflamado en el divino sol, pasa la vida en contemplación, reiterando constantemente los innumerables actos de amor. Así, sin que nada mundano estorbe su afecto, ama por singular privilegio. O bien, figurado como cielo ardiente en el que nunca se extingue el fuego ni de noche ni de día, no se apaga por la noche su lámpara. De tal forma que las actividades de la vida no le impiden el amor, ni el amor le obstaculiza las actividades. Lo mismo que en estado de inocencia, tan feliz es el que duerme como el que está despierto. Esto es porque mientras el cuerpo toma el necesario descanso, su alma, libremente tiende hacia el amor en perfecta contemplativa. De este modo, bien se puede decir: “yo dormía, pero mi corazón velaba”. Es decir, tan feliz soy durmiendo como velando. Por tanto, o el que ama es semejante o trata de parecerse a la persona amada. Si bien, según el célebre dicho: “el amor, o los encuentra o los hace iguales”, vivir el amor continuado es el mejor obsequio que se le puede ofrecer al ser amado. En tal caso, cuánto más puro es un corazón y más vacío de sí mismo, tanto más lleno está de amor. Por lo que todo fuego que arde por dentro, y con llamas de caridad refleja a todos, está perfectamente preparado para amar. Al fin y al cabo, con su ardiente desprendimiento se hace tan bella la caridad, que a los ojos del amor, la llamarada;

vuelve al corazón herido y lo acoge.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 61 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Lo que deseas ver de mí

Lo que deseas ver de mí, yo vengo a pedirte. Ese amor que crea, que moldea y que calma, a medida que aventaja en la esperanza y en la liberalidad. Así, con tu observación, seré capaz de comprender toda la historia, el sentido verdadero y el corazón de la expresión. Por consiguiente, tal como me ves crecer y actuar, escuchándote y reflexionando sobre tu prudencia, al punto me formas, me amas y me diriges. En tal caso, alcánzame caridad para con todos, incluso para los que me son adversos. Pues en realidad, el perdón como actitud permanente me resulta de vital importancia, igual que nuestro amor compartido pende de mi comportamiento con quienes me ofenden. O dicho de otro modo: dónde ves alguna miseria, allí acudes veloz, para favorecer con gran clemencia, en una vida que nos sobrepasa. Es decir, cuando te contemplo no veo más que bondad y ternura, capaz de proveer a todos sin que a ti te falte. Ciertamente, ¡cuántas sentencias has sabido hacer revocar, en favor de los que a ti han recurrido! Sin duda, en ti, el pobre encuentra su asilo, el enfermo su medicina y el apenado consuelo. De suerte que, llena de deseo de hacer el bien, tienes tú más ansias de darnos favores, que nosotros de recibirlos de ti. O bien, siempre consigues favores muy superiores a los que podamos pedir. En suma, lo que deseas ver de mí, yo vengo a pedirte;

mi amor, mi vida, mi refugio.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 53 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

La hospitalidad

La hospitalidad acoge a los extranjeros en su casa, como si hospedara a ángeles sin saberlo. O bien, como obradora de grandes maravillas, trabaja a escondidas dentro de los corazones. Pues si se dieran cuenta de sus obras, se marchitaría su frescura y perdería su vitalidad. Es decir, se ocultaría la pureza de corazón, la pureza de intenciones y la fertilidad de buenas obras. Y sin embargo, no hay modo de enseñar si no se experimentan estas maravillas, que destruyen el corrompido mundo. De modo que este misterioso medio, revela un código de vida práctica, al alma de buena voluntad. Pero, ¿Qué hacer? ¿Qué conducta observar? A esta pregunta propuesta por muchos corazones, responde aquí la hospitalidad. El alma de buena voluntad ha de estar sin cesar ocupada en el recogimiento y la contemplación, para que crezca y florezca la vida. Por esta razón la hospitalidad se conserva siempre amable y atenta, y no teme si el viento le agita y le sacude. Porque comprende que necesariamente ha de ser acometida y contradicha, en su crédito o en la autoridad de los hombres. O en otros términos: para alcanzar la perfección, quiere estar expuesta a todos los vientos, sin apoyarse en los talentos naturales. Pues intuye que el amor de sí mismo y el de la hospitalidad, no se pueden de ningún modo conciliar. Por consiguiente, cuanto más se la procura seguir, más se descubre su profundidad, prudencia, y eficacia. En fin, la experiencia nos ha enseñado que hay personas de muy poca instrucción que ven, y sabios que no ven, que la hospitalidad;

protege con fortaleza el corazón.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 46 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.