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Forma y significado

Forma y significado, en cuanto a imagen verdadera, utiliza algo ya existente. De modo que nada en Ella se opone a la Verdad, ni obstaculiza el proyecto sublime. En tal caso, admirando su Belleza, se llega, por analogía, a contemplar a su artífice. O bien; la materia de las cosas se hace Luz en los ojos y en la perla. Es decir, la representación pintada a mano sobre fondo azul, surge, en un arrebato de inspiración, para dirigir la magnitud de su mirada hacia el espectador. Conjuntamente, la luminosidad que está siempre a la izquierda de la mujer, refleja un momento íntimo de la vida cotidiana. En cambio, no hay en Ella ni la menor sombra de engaño. Por lo tanto es, exactamente, lo que la creación artística quiere que sea. O bien, dicho en otras palabras; el autor crea la representación a partir de esa Luz mágica, y luego la adorna con objetos. Así, de algún modo, ambos, Creador y artista, imprimen su propio sello en sus obras. Siendo así, en sentido figurado, cada individuo es artífice de su propia Vida. En tal caso, la apariencia debe ser una obra de arte, como fuente de toda Verdad y Bondad. Entonces, en la belleza de las realidades creadas, se manifiesta la huella del Amor. Esto es, las obras nos hacen más sensibles a los valores del espíritu. Por ende, ¡es tan momentáneo! Semejante, en forma y significado, a los ojos que están en proceso de enfocar, cómplices en ese momento;

en la sutileza de la Luz, como expresión del Amor.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 73 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay. 

Una nueva vida

Una nueva vida es un canto nuevo a la ley del amor, la alegría del ser y el desorden de la maldad. Es corta en palabras, pero grande en misterios. Es más dulce que la miel y más preciada que el dinero. Pues, igual que el saludo celeste espera ser correspondido, una nueva vida aguarda para colmar con flores un torrente de desconsuelos. Flores asombrosas, cuyo olor y hermosura sólo conocen quienes se acercan a ellas, las perciben y las sienten por medio de una atenta meditación. Se llaman con razón, flores olorosas de instrucciones profundas sobre las cuales, las diligentes abejas, se detienen para recoger el fruto y producir el delicioso néctar. O bien, si la vida recibe, continuamente, lo mismo del corazón que la medita que de la boca que la cuenta, no será menos agradecida y cortés que las personas de más alta condición. En efecto, una flor sin meditar sería como un cuerpo sin alma o una magnífica sustancia sin forma particular. Del mismo modo, así como un pintor pone el original ante sus ojos para hacer un sencillo retrato, mirar una flor conlleva observar la vida por su esencia, conforme a la virtud. Elemento fundamental que moldea la capacidad de vivir en los sentidos. Experiencia personal, cada vez más delicada y consciente, que en el grado de placer preciso a los méritos;

pasa por alto la ofensa.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 26 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.