A ciegas

A ciegas, ante todo, de espíritu aceptamos sin dudar que el camino tal cual está bien. Es decir, aprobamos mentalmente la determinación percibida sin examinar ni juzgar aposta el mandato. Entonces, referente a este camino, es perfectamente razonable avanzar así. Aunque, ¡es tan habitual criticar las decisiones superiores en asuntos que no tenemos competencia! Si bien, ¡cuántas veces el procedimiento justifica más tarde la resolución que, a simple vista, habríamos sometido a crítica! Es más, en tal desgraciado caso, se tergiversan los deberes y se toman decisiones erróneas en un mundo que se desvía de la verdad. Por el contrario, si la evidencia de un error poco frecuente no se fija en la mente humana, se aprecia la marcha del pacto social con claridad. En consecuencia, la dirección escogida con mayor cuidado, por regla general, tiene orientadas todas sus obligaciones. O bien, dicho en sentido figurado; advierte en el camino un montón de datos que, por descuido, rutinariamente pasan desapercibidos a ojos vista. Por este motivo, es fundamental disponer de todos los talentos útiles y necesarios para ejecutar noblemente las funciones delegadas. Entonces, se revela la luz verdadera que nos guía hacia el bien común. A ciegas;

también de pensamiento y de juicio.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 142 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.