Educar la mirada

Educar la mirada es la forma que me lleva a observar tu presencia en favor de la humanidad. En este sentido, la cultura es también instrumento para evitar que se enturbie la visión de un sentimiento sobrepasado por la evidencia sentida y vivida. Algo así como ver en todas las dimensiones de la realidad que todo es, o puede ser, una oportunidad serena de encuentro. Esto es, como advertir una proposición de conversión del corazón en la propia vida. Allá, dónde la poesía convierte en canto tu rostro, y los lamentos claman tu ausencia. O bien, dicho en otras palabras; el mundo rico en colores embellece los ojos de quién lo admira alegre y dichoso. Aunque alguno sólo puede ver en blanco y negro, u otro puede ver en color pero no sabe apreciar la inmensidad de las cosas bellas. Por ello la luminosidad del paisaje es simultáneamente expresión personal y universal. Siendo así, ante la realidad de un dolor lacerante, el ser humano se despoja de sus seguridades con un cántico particular. Si bien, aun cuando puede practicar un matiz más común, la situación límite marca la conciliación de una expresión estética con un modo de conocimiento. De ahí, la perspectiva de abarcar la tesitura como una propuesta de transformación. En resumen, educar la mirada;

con el fin de desvelar la cercanía del camino oportuno.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 134 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.