Querida Europa

Querida Europa, observando tu interior me habitúo a cruzar de mi mundo al mundo ajeno, en un abrir y cerrar de ojos. En esa cercanía tan poco lejana donde la persona busca identificarse con la solidaridad como valor personal. Cierto es que la incitativa en este encuentro pueda cambiar totalmente nuestro modo de mirar el mundo. Pero al mismo tiempo sólo se verán con indiferencia las cosas, si la violencia ciega los ojos y la sordera no calma al odio humano. Tal vez la cuestión que hoy parece clamar una respuesta urgente es una contrariedad en sí misma de rabias, rencores y enemistades, aparte de cualquier religión. Puesto que si las ideas de cualquier índole se imponen ante la democracia social, la pluralidad cultural se verá amenazada por la intolerancia en toda forma de nacionalismo exasperado. Por consiguiente, dicha amenaza figura en la comunidad como una presencia personal, no meramente simbólica. Algo así como corrientes minoritarias e inflexibles con otros cabales con los que, aun siendo todos beneficiados, se rebelan algunos contra los otros. Tendencias camufladas como instrumento político que conduce a la desobediencia y desafía a la estructura jerárquica. Si bien, aunque el contexto jurídico actual continúa siendo lo suficientemente sólido para amparar la Constitución Europea, no debería desviar la atención hacia otras cosas. Ergo, querida Europa;

resiste solidaria con el resto del mundo.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 127 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.