Los hombres de mar

Los hombres de mar poseen una voz de tempestad para trabajar con satisfacción, aunque con un soplo de aire limpio que tienen en su mirar profundo. Es decir, no dejan que los sentimientos les dominen y les quiten el entusiasmo. Por ello, la vitalidad, la fortaleza y la decisión, compensan las necesidades insatisfechas con delicadeza. Esto es, para que no sean cautivos de sensaciones y sentimientos pesados, su corazón sea más libre y la alegría ilumine sus rostros. Además, parece como que siempre que afrontan nuevos horizontes, sus sentimientos personales se quedan atrás, como si quisieran poner distancia y situarse en otro plano. De modo que decidí no hacer caso a sus extrañas palabras. Nuestra comunicación era diferente, nuestras palabras eran prudentes. Así, con ojos soñadores, seríamos moldeados al cabo de un tiempo por ellas. Aunque, la admiración en sí misma importa poco si no se tiene un corazón de niño. Por esa razón, el pueblo suele quedarse con el pez y no con el pescador, con el dedo y no con el espejo. Si bien, la brisa era tan suave que me traía oleadas de sus sonrisas abiertas, sabía que en adelante me esperaba el habitado silencio del hogar. Por tanto, el plan marcó sin duda una clara frontera en nuestras vidas. Intuía el final de una etapa y el comienzo de otra, la más difícil, pero al mismo tiempo la más determinante. Como los navegantes en alta mar que vuelven sus ojos confiados hacia la Torre. De suerte que, los hombres de mar;

esperan desde la fe y el silencio.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia n. 95 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.