Culture of Peace to drive social change

Compartir la vida

 

 

 

 

Compartir la vida, consciente de repartir algo importante, lo hacías cada día con respeto y acción de gracias. Por entonces, las espigas que a la luz del sol advertían un color anaranjado, se inclinaban anhelando la cosecha. Eran momentos tan suaves como pasear por el campo de tu mano. Aunque a medida que iba creciendo nuestra intimidad, yo sabía que, sin saberlo, algo nuevo nos esperaba. Vale decir que a través de esos momentos fugaces en que la vida cambia el estado de consciencia, una parte del todo ve, viaja, y camina. Además, yo intuía que me iba incorporando a la continua provisionalidad, aun sin noticias. Y todo esto me lo decías en silencio, convencido de la eficacia de una rutina llevada con alegría. De tal forma que, como un punto de luz que reproduce el trigo en mi alma, aceptaba tus exigencias. O, viceversa; todo estaba igual y distinto, a la espera de poner flores en una vasija y llenar de vida todos los rincones de la casa. Aunque, yo prefería dejar a oscuras la ventana de mis revelaciones para no precipitar los acontecimientos. Es como si todo transcurriera gracias a la quietud de una familia sencilla, sin darme cuenta de lo que significaría con el tiempo. A fin de cuentas, cuando una luz palpita en el interior, hasta lo más oscuro se deja ver de alguna manera iluminado. Siendo así, ¿habría algo o alguien que pudiera arrancar la llama del deseo que arde en lo más profundo del ser? Tal vez hay que esperar y compartir la vida;

vivir como si no hubiera pasado el tiempo.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 91 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.