Communication for development in the framework of the Culture of Peace

Una gran confusión

Una gran confusión se dispone a asaltar la nave haciendo lo posible para detener su marcha y hundirla. Con todo, aunque los asaltantes cantan la victoria, los peores enemigos son siempre los de dentro, los propios errores y desaciertos. Porque, en realidad, se ve muy poco con los ojos. Por ejemplo, en el mar solo vemos la superficie, no la profundidad. Asimismo, si miramos a una persona nos quedamos en su aspecto superficial, sin averiguar sus pensamientos, sus temores, sus esperanzas. Más aún, si una persona vale más que todas las cosas materiales, un pobre que no tiene dinero se puede ofrecer a sí mismo. Eso es lo fundamental. Por tanto, de él dependemos pero somos autónomos, capaces de rechazar el misterio o de amarlo con todas nuestras fuerzas. Entonces, ¿para qué constituir un mediador si la Vida no depende de los bienes? En tal caso, si no se conoce el amor incondicionado en un mundo en el que abunda la injusticia, esa actitud resulta peligrosa. Aunque espontáneamente se actúe como si el ideal absoluto fuera la paz particular. De suerte que, los que permanecen vigilantes, libres de egoísmo y de ambición, responden con diligencia en aquellas ocasiones en las que la fortaleza de algunas personas flaquea. Esto es, en sentido figurado; puestos los ojos y el corazón en la embarcación, con la fuerza del Amor y con plena convicción, las barcas dispersas en orden de batalla chocan entre sí. Por ende, una gran confusión;

exige la separación del bien y del mal.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 84 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.