Communication for development in the framework of the Culture of Peace

El despertar de la vida moral

El despertar de la vida moral exige ponerse al mismo nivel que los niños. Es decir, saber crear un clima de familiaridad, que facilite hablar confiadamente de los pequeños problemas. Así, se desvela el acercamiento, y un sentimiento de amistad fluye. O bien, la fraternidad hace posible que los padres den a conocer a los hijos el origen de la vida. Por ello, anticipándose a su natural curiosidad, les dan una libertad apropiada, para que aprendan a administrarla con responsabilidad personal. De modo que, acomodándose a su capacidad de comprender, se evita la separación en el afianzamiento del cariño. Si bien, con el paso del tiempo, los grandes ideales de la juventud, se reciben con mayor entusiasmo, cuánto más joven se mantiene un corazón adulto. En cambio, si no se respeta la autonomía, no hay compromiso ni verdadera educación. Por esa razón, corresponde a los padres transmitir el encanto de una vida sencilla, siempre envuelta de sinceridad. De este modo, sin hacerlo pesar, se dan cuenta los hijos de la abnegación que han hecho por ellos. De tal forma que, aunque la deuda con los padres esté siempre presente, la correspondencia de los hijos sea de cariño agradecido. El resto, son insignificancias que el tiempo supera con un poco de perspectiva y de sentido del humor. En fin, el despertar de la vida moral, natural y sobrenatural;

se hace en el calor del hogar.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 65 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.