Communication for development in the framework of the Culture of Peace

La sal de la vida

La sal de la vida buena es para dar sabor a la comida, y vivir en paz unos con otros. Es decir, sazona tanto la convivencia como el pan de la hospitalidad, sin que se note su sabor. O bien; cuando se reparte de acuerdo con las delicadas exigencias de la vida comunitaria, tal es el beneficio de la unidad y la paz. Sin embargo, sean muchos los beneficiados, pero confidentes sólo uno entre mil. Pues hay amigos de ocasión, que no resisten en la adversidad. Mas no actúa así un amigo fiel, que dosifica la sal como medicina, porque ve en el otro un reflejo de sí mismo. Entonces surge el amor fraterno entre los iguales, y se desea el bien más sincero. No obstante, condición indispensable es para todos, saborear como un niño que recibe sin cálculos, lo que se le ofrece. De este modo, con humildad, receptividad y gratitud, se pone por entero el corazón, en todo aquello que se recibe. O en otras palabras; las especias no van por cualquier ruta, ni avientan su grano con cualquier viento, y cuantos itinerarios emprenden tienen buen fin. Por el contrario, si la cantidad de especias que se prueba no es la apropiada, aportan un sabor desagradable. Esto es como gustar lo que no gusta y sin embargo, ahondar en lo inmoderado. Así se va acostumbrando el paladar, a las diversas propiedades de los alimentos. De tal forma que si la sal de la vida, medida y derramada en la tierra, se encuentra con la sabiduría prudente;

se distribuye para que se vea, la misma desde hace varios siglos.

Colección Experiencias de Paz. Foto con historia número 49 escrita por Carmen Rafecas. Imagen publicada libre de derechos de autor vía pixabay.