La llama del amor

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La llama del amor perdona con caricias y, al mismo tiempo, exige no volver a faltar. Pues, en verdad, ¿quién se puede permitir juzgar a nadie sin escucharlo primero y descubrir qué ha hecho? A continuación, ante tal justicia establecida, los escritos y palabras revelan las intenciones del corazón. Es decir; lo mismo que un delito puede resultar condena, así también un acto de justicia resulta justificación. Moralismo que enseña a comprender y amar antes de juzgar. Con todo, si la conciencia no se agita, no por eso queda absuelta. O bien; sin modestia ni medida, resulta difícil ser consciente de las propias incongruencias y resolver mejorar. Pues, en el fondo, no se trata de confundir la razón con la justicia sino de contraponer el odio con amor, el egoísmo con generosidad. Consecuentemente, es obligado mantener el corazón tan libre que resulte espontáneo amar sin reservas. Es entonces cuando, a fin de no determinar antes de tiempo, la llama emite una luz prodigiosa que pone al descubierto lo que esconde la oscuridad. De esta forma consigue dar la importancia que merece cada cosa, fija la mirada en lo primordial, y reconduce lo perecedero a su intranscendencia. En cualquier caso, ardiente y brillante, mantiene el amor como causa de actuación, y, en definitiva;

transforma la convivencia.

Foto con historia número 34 de la colección Experiencias de Paz escrita por Carmen Rafecas. Imagen libre de derechos publicada vía pixabay. Debate en facebook y google plus.