En la soledad y el silencio

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En la soledad y el silencio le habla familiarmente con ternura. Enteramente recogida, ama tanto la soledad que, exenta de todo acto desordenado, procura evitar las conversaciones para que le hable al corazón. Asimismo, le siente tan cerca que al despertarse por la mañana, al cerrar los ojos para dormir o en cualquier momento del día, eleva su pensamiento y le habla. Pues, libre de imposiciones absurdas, su conocimiento, por medio de la aceptación y la observación, junto con la experiencia de su práctica le llevan de la mano. En todo peligro, en cualquier ímpetu de cólera y demás pesares, practica su amor con perseverancia. Adormecida para las cosas temporales, tolera con resignación las adversidades y se mantiene despierta para las invisibles. Pues, al procurar vivir cada día como si fuera el último, se desprende de las cosas terrenas para no perderse tras ellas. A este fin y en recompensa de los más pequeños favores, otorga grandes atenciones cuando ama con todo el corazón y le presta oídos a la sensatez. Por consiguiente, del mismo modo que el acto de escucha se debe traducir en acción concreta, si guarda sus consejos, se acostumbra a la obra buena y rechaza todo lo que es vil;

comprenderá la justicia y el derecho.

Foto con historia número 17 de la colección Experiencias de Paz escrita por Carmen Rafecas. Imagen libre de derechos publicada vía absfreepic. Debate en facebook y google plus.