Palabras y obras sintonizaba cada día, como regalo para un mundo sediento de coherencia. Pese a que algunos no le creían, su alegría, como sol para la vida, brillaba para todos. Con su buen humor sencillo y libre, conservándolo siempre, atendía a rostros agobiados que vagaban por la ciudad. Y aunque plantó semillas de sencillez, de generosidad y de amor en el asfalto, algunas fueron pisadas y otras no florecieron;
ya dieron fruto en su corazón.
Post escrito por Carmen Rafecas.