Su mirada

Su mirada me hacía sentir acogida y relajada al vivir con libertad lo que no podíamos cambiar. Por muy lúcidas que fueron mis reflexiones me tropecé con el misterio y, ante toda carencia de explicación, lo viví en paz. De igual modo que la fortaleza de un árbol se prueba cuando el viento lo azota, después de la tormenta salí más fortalecida. Con un beso, un abrazo y una caricia, pude construir un puente para sostenerme y, como toda elección que exige un esfuerzo y un compromiso para realizarla;

aprendiendo a mirarle a los ojos, aprendí a leer su corazón.

Post escrito por Carmen Rafecas.