Gracias

Si bien mi situación económica ha cambiado no limito mi disponibilidad para ayudar a las personas que lo necesitan. Hay que echar mano del coraje y habilidad para sacar adelante a los más pequeños. Saber acomodarse a una nueva situación de mayor estrechez hasta que el cambio se haga imperceptible a los ojos de los menores. A base de horas y paciencia. Observar la pobreza me resulta de gran ayuda. Tropezarme con ella me pone a prueba.

Dos veces me crucé con él. De piel oscura, rostro amigable y un saludo tan especial como difícil de describir con palabras. Le di todas las monedas que llevaba conmigo. No eran muchas, hubiera preferido tener más. Unos días después volví a pasar por el mismo sitio. Sentía curiosidad. Estaba en el mismo lugar. Esta vez fue él quién me recompensó a mí. Con sus palabras. Con su sonrisa. No me atreví a darle monedas, preferí tratarlo como a un amigo.

Des de aquel día fui otra. Comprendí perfectamente lo que aquella persona me quiso decir, más con sus ojos que con sus palabras. Me sentí muy feliz. En paz. Y me di cuenta que el mayor peligro era la ambición de querer tener cada vez más dinero. Y en lugar de pensar en grandes cosas, empecé a hacer pequeñas cosas de corazón. Con confianza, amor y alegría. Sin olvidarme nunca de quienes fueron mis padres ni de dónde vienen mis raíces.

Creo que mi corazón está alegre porque sabe perdonar a las personas de incalificable comportamiento. Las comprende y sabe mantener la esperanza de que puedan ver más allá de lo que su corazón les permite sentir. Y a pesar de ello, mi corazón sigue caminando. No se detiene ni tampoco mira hacia atrás. Sigue incluso cuando el camino está sembrado de dificultades. Agradecida por el amor recibido y guiado por una única palabra;

gracias.

Post written by Carmen Rafecas.